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En ese momento, Beatrice sintió una conmoción pasar por su cuerpo.

El Inframundo.

El fenómeno de la muerte dándole forma física.

Pero no era un terror abrumador lo que estaba en su mente. Ni era un pánico sobre esta nueva conmoción.

Después de todo, ella tenía un objetivo mayor: liberar al corazón de su confiable amigo de un deprimente evento pasado.

Hasta ahora, ella pensó que la respuesta yacía al final del diagrama de árbol de Magia. Pero eso podría haber estado equivocado. Si ella dominaba la Magia y conquistaba este Inframundo, ella y Buu Buu podrían ser capaces de lograr su meta juntos.

Porque si había una existencia más allá de la muerte y había técnicas que usaban las almas de los muertos…

—El Arma Brillante de Buu Buu…

Ella habló sin pensar.

Los hermosos labios de la chica propusieron una cierta teoría al mundo.

—¿¿¿Podría tener una forma de liberar las almas atrapadas ahí???

Ella había viajado por una variedad de caminos para llegar a este nuevo territorio.

Pero como una del máximo nivel que había explorado el Laberinto de este otro mundo por tanto tiempo, ella tenía que pensar esto de una forma diferente.

No importaba que aterradores enemigos le esperaban y no importaba que todo su conocimiento podría no aplicar más.

Ella tenía que recordarse a sí misma que un nuevo mundo podría tener nuevas posibilidades.

Y como resultado, la Espadachina Santa escarlata Beatrice sonrió. Era una pequeña pero innegablemente feroz sonrisa.

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