Capítulo 10: El precio de usar palabras indebidas

—Ya veo, ahora entiendo la situación.

Inclinó su vaso, y aquella joven lamió los rastros blancos encima de sus pequeños labios con su lengua.

Cada uno de los movimientos de aquella chica, llamada Erza, tenían un tono de sensualidad, incluso cuando Felt se encontraba explicándole la situación, repetidamente lanzaba unas miradas provocativas a un Subaru que se encontraba tímido.

—Bueno, y es por eso que el precio de la negociación ha subido. No es como si me importara quien se quede con la insignia ni nada, tan sólo quiero venderlo a quien ofrezca el precio más alto.

—Buena actitud, me agrada. Y, ¿cuánto está ofreciendo esa persona?

Diez monedas de oro sagradas, esa era la cantidad de dinero que había ofrecido.

Era obvio pensar que la cantidad que ofrecía, debía ser mayor a esa.

Subaru decidió dejar a un lado aquella actitud que había tenido hasta ahora, y por tercera vez activó la función de la cámara de su celular. La luz del flash resplandeció en el almacén, y tomó la figura de Erza en la pantalla.

Las acciones de Erza ante el comportamiento de Subaru, no fueron más allá que tan sólo fruncir un poco su entrecejo.

Y le mostró a ella la pantalla del celular.

—Lo que estoy ofreciendo es este objeto mágico. Quizás, sea el único y más raro ítem en este mundo. Y de acuerdo a ese musculoso anciano, es probable que valga la exorbitante cantidad de veinte monedas sagradas.

—Un objeto mágico…

Erza vio su figura reflejada en la pantalla, e hizo un gesto de aprobación al celular frente a sus ojos.

Lo único que transmitía Subaru con sus acciones para el intercambio en la negociación era que estaba muy confiado.

Ella sacó una bolsa de su pecho. Tal vez, sea ahí donde tiene las monedas sagradas, ¿no?

Y la colocó encima de la mesa. Podía escucharse la sensación del peso de las monedas hechas de algún metal precioso, chocando una contra otras.

Felt tenía sus ojos cerrados como un gato, y el viejo Rom denotaba prudencia.

A diferencia de Subaru que estaba al lado sin hacer movimiento alguno, Erza colocó uno de sus pálidos dedos sobre la mesa.

—La verdad es que yo también tengo a un empleador, y me dejó bastante dinero de sobra. Todo en caso de que rechazaras la oferta, y pensaras en subir un poco el precio.

—¿Un empleador…? ¿Eso significa que tanto Erza como Felt, tenían encargado hacerse con la insignia?

—Así es. Quien la quiere es mi empleador. … ¿También estás en un negocio similar?

Pregunto Erza a Subaru, que también quería esa insignia y planeaba cambiar el objeto mágico por ella.

Negocio similar, para empezar, aunque le preguntara eso, era difícil entender el trabajo de Erza.

Había venido hasta aquí para obtenerla porque se la encargaron, lo que la convertiría en una especie de trabajo de entrega a domicilio. Fuera como fuera.

—¡Aunque me preguntes eso, tan sólo diré que estoy desempleado!

—Como oyes, esa persona desempleada le ha puesto un precio exorbitante. Entonces, ¿cuál precio le pones, tú?

Ante las palabras de provocación de Fet, Erza se quedó callada y abrió la bolsa.

De aquella bolsa al revés, cayeron monedas de oro sagradas con un resplandor plateado.

El sonido metálico cayendo uno otro, hizo que la mirada de Felt brillara, incluso el viejo Rom hizo un sonido de carraspeo. Contrariamente, en lugar de sorprender a Subaru, el comenzó a contar el número de ellas.

Si sus cálculos no fallaban.

—Veinte monedas, exactamente.

—Esas son todas las monedas de oro sagradas que me dio mi empleador. Ahí está todo con lo que planeaba pagar, y es justo como calculaste, pero… Me pregunto si no es suficiente…

La pregunta iba encaminada, a la persona detrás de Felt, el viejo Rom.

El viejo Rom contó el número de monedas de oro sagradas, volteó a ver a un Subaru preocupado, y rio.

—No hagas esa cara parecida a la de un niño. Es algo que un hombre no debe hacer. … Ciertamente son veinte monedas de oro sagradas, una exorbitante cantidad. Pero, dije que veinte monedas de oro sagradas era algo muy bajo.

Movió el corto cabello negro de Subaru fuertemente, con su mano grande.

Encima de que seguía algo embriagado, y de que le habían sacudido el cabello, Subaru estaba sintiéndose de la peor forma.

—A mi vista, la balanza de este intercambio se inclina a favor de Subaru. Lo siento por ti, y por tu empleador, tendrás que regresarle esa bolsa de monedas.

Ante tales palabras del viejo Rom, quien había rechazado las monedas sagradas con sus bruscas manos, aquel malestar de Subaru, había pasado de ser el peor, a en un instante volverse el mejor.

Felt no hizo objeción alguna y levantó su mano, e incluso Erza quien no denotaba decepción alguna, bajo sus hombros. Subaru se levantó sin pensarlo, e hizo una pose de victoria.

—¡Eso es! ¡Qué bien! ¡Estoy feliz! ¡De alguna manera, acabo de lograr mi primer objetivo! Esto merece una pose de victoria, ¿no?

—Nadie hace objeción alguna, eres muy extraño, amigo. Siempre y cuando me beneficie.

—Tampoco a mi empleador le importaría no hacerse con ello. Así que no hay necesidad de llegar más lejos con esto.

A diferencia de Felt que se había burlado de un Subaru que tenía su cara roja, Erza se levantó dándole poco interés.

No es como si hubiera esperado esos comentarios de derrota al fracasar en la negociación, pero el hecho de que actuará de esa manera al no haber completado su encomienda, le preocupaba.

—Ah-, lo siento, Erza-san. Probablemente se enoje tu empleador.

—No se le puede hacer nada. Sea como sea, no fue error mío, en esta ocasión, mi empleador fue el que se equivocó al haber pensado que lograría obtenerlo con tan menor fondo.

—¿Dices que veinte monedas de oro sagradas son un fondo menor?

—Bueno, a mí el destino me ha sonreído muy bien. ¿Será que ha llegado el mejor momento de mi vida?

Contraria a mostrar un poco de compasión por Erza, la actitud de Felt denotaba que realmente no había comprendido el ambiente.

Sea como sea, eso significaba que la negociación que tanto había preocupado a Subaru había sido un éxito.

Que también significa un paso de esperanza más para cumplir su deber para con Satella, quien lo había salvado por primera vez en este mundo.

Originalmente, se preguntaba si debía informarle a Satella sobre Felt, quien le robó la insignia, y sobre Erza quien lo había solicitado, en efecto las pérdidas tan sólo serían los esfuerzos de Satella y el celular de Subaru.

No han hablado más que por un momento, pero Subaru no tenía la fuerte determinación de mandarlas contra las rejas a ellas.

Aquí tenía un recurso que podía usar oportunamente.

—Bueno, fue un mal resultado en la negociación, pero si me disculpan.

Erza se levantó y se despidió de todos.

Tomó toda la leche que aún quedaba en el vaso, Erza que había lamido sensualmente otra vez los rastros en sus labios, volteó a ver a Subaru, pues había recordado algo importante.

Esos ojos negros parecían estrujar el pecho de Subaru fuertemente.

—Por cierto, ¿qué harás cuando tengas esa insignia en tus manos?

Fue una pregunta un tanto fría y con falta de emoción.

Ese eco parecía instigar los tímpanos de Subaru suavemente, había llegado hasta sus oídos como prohibiendo cualquier falsa afirmación.

—…..Aah, se la regresaré a su dueña original.

Luego de decirlo, Subaru se dio cuenta de lo que había pronunciado.

Frente a la joven que lo había robado, y a la persona que lo tenía como encomienda, había afirmado que devolvería lo robado, a la persona que se lo robaron.

Una afirmación semejante a la de una declaración de hostilidad.

—Vaya, ¿son conocidos?

Tenía un gran significado oculto, que había incluso puesto en marcha las sed de sangre de Erza.

—¡¿Uuh…?!

Un golpe repentino desde un lado.

Alguien había empujado hacia un lado el cuerpo de Subaru, por su cintura. Tan repentinamente que sin siquiera poner resistencia, cayó tontamente contra el suelo.

Entre el dolor y el impacto, en medio de su vista hacia los lados, levantó su cabeza, observó Felt tomándolo de su cintura.

—¿Qué fue eso…?

—¡¿Acaso eres tonto?! ¡Tenías que evadirlo, ¿acaso quieres morir?!

Lo dijo de una manera que denotaba enojo en su voz, que además se había llevado a cuestas a Subaru.

Subaru tenía una expresión de asombro, y desde esa posición tan baja, a su vista podía observar a Erza de pie.

—Vaya, lograron evadirlo.

Dijo, Erza con una expresión extraña y con su cabeza inclinada.

Quien tenía en su mano una asimétrica arma peligrosa que soltaba un ligero resplandor mientras la blandía.

De acuerdo al conocimiento de Subaru, esa arma peligrosa se asemejaba a un cuchillo Kukri.

El largo del cuchillo era cercano a los treinta centímetros, tenía un doblez, mejor conocido como una especie de cuchillo curvado. La punta era parecida a la de un hacha, había escuchado que era un arma capaz de cortar a su presa.

Mientras blandía ese cuchillo, Erza mantenía una enorme sonrisa que había comenzado a hacer hace unos momentos.

Por la postura que había hecho, era probable que lo hubiera cortado. Pero, Felt fue quien salvó a Subaru de aquella trayectoria, al haber saltado para protegerlo.

En un instante, ante tal hecho en el que se encontraba entre la vida y la muerte, y además de que fue salvado por alguien más cuando no se dio cuenta, el miedo comenzó a recorrer lentamente el cerebro de Subaru.

Su sentido de alerta se había activado, su corazón comenzó a bombear sangre con mayor rapidez. Mientras Subaru escuchaba el sonido de los latidos recorrer todo su cuerpo, no podía detener el estremecer de su brazo.

A pesar de aquel deplorable comportamiento, el tiempo seguía moviéndose en aquella situación.

—¡¡Ooooooooh–!!」

Como lanzando un grito de guerra, quien salió volando contra Erza, fue el viejo Rom.

Blandía aquel palo que había tenido a su alcance durante la negociación, planeaba darle con ese objeto peligroso lleno de púas, justo en el cráneo de Erza.

La velocidad con la que blandía aquel palo no era normal.

Podía blandir tal objeto cercano a un peso de diez kilos como si fuera una rama, sin duda alguna era algo posible para las habilidades de fuerza de un miembro del clan de los gigantes.

El palo dio un golpe directo contra el suelo del almacén, tal impacto formó la sensación de haber hecho estremecer todo el edificio.

La madera del suelo golpeado, y los pedazos de varios objetos robados, salieron volando por el impacto, frente a los ojos de Subaru quien se encontraba en el suelo, había comenzado una pelea que superaba los límites del sentido común.

—Es la primera vez que tengo una pelea contra un miembro del clan de los gigantes.

—Cállate, niña. ¡Te haré picadillo, y te daré de comer a las granratas!

El golpe del palo que había blandido hacia un lado, ciertamente justo como decía el viejo Rom estaba preparándose para aumentar la fuerza.

Si aumentara la fuerza y velocidad de aquella arma, no haría más que tuviera una baja defensa.

En aquel interior con pocos cimientos, no había lugar a donde huir o con lo cual protegerse, un golpe con ese palo sería letal.

Sin embargo, por otro lado, la destreza de Erza también se encontraba en un punto totalmente distinto.

Podía observarse su silueta deslizándose entre aquella ráfaga de golpes letales, mientras sostenía con una mano el cuchillo Kukri.

Ella se mofaba del viejo Rom mientras esquivaba aquellos ataques, que sin duda alguna, involucraban la muerte segura con sólo un golpe.

Esto es malo, pensó instintivamente Subaru.

Si esto sigue así, acabará mal, parecía que algo hacía que su alarma instintiva sonara.

—Maldita sea…

—No te preocupes. ¡Es imposible que el viejo Rom pierda! ¡Porque desde que tengo memoria, jamás he viso al viejo Rom perder en una batalla!

Dijo confiadamente Felt como inspiración, aunque Subaru no podía más que mostrar mucha inseguridad con sus labios temblando.

En sus palabras había una gran confianza, que se había acumulado por el paso del tiempo. Sería imposible que estuviera bromeando con algo como la confianza que se tenían entre ambos, hecha por un tiempo nada corto, ¿no?

Sin embargo, a diferencia de ella que proclamaba una gran confianza, Subaru se mostraba pesimista.

No era lo que hasta ahora ella había visto y conocido como “pelea”. Era una “pelea a muerte”.

—¡Trágate esto!

Antes de que la ansiedad de Subaru tomara forma, se producía un cambio en la batalla.

El viejo Rom dio un grito de guerra, y pateó la mesa. Aquella mesa de madera que hasta hace un momento fue el lugar de la negociación ahora estaba hecha trozos, aquellos trozos de madera cubrían el frente de visión de Erza.

Era como una cortina hecha con esos pedazos de madera.

El viejo Rom había apuntado hacia  ese lugar con el palo con todas sus fuerzas.

Ese golpe al que le había puesto todas sus fuerzas sin contenerse, podría inclusive tener la capacidad para hacer pedazos a un automóvil.

Sin embargo…

—¡Viejo Rom!

Aquel grito lamentable de Felt, le había salido de su garganta.

Y Subaru observó el resultado de su grito.

Lo que había salido rodando, era el brazo derecho del viejo Rom que sostenía el palo.

Aquel grande y robusto brazo, había sido cortado desde el hombro, mientras la sangre salía y salpicaba la pared.

Aquella lluvia de sangre en el interior del lugar, inclusive bañó las caras de Felt y Subaru. Pero no tenía tempo que perder viendo aquella sangre fresca.

—Al menos, te llevaré conmigo.

Gritó el viejo Rom, mientras de su brazo cortado desde el hombro salía sangre como de una manguera sale agua.

Se lanzó hacia el frente con su gran cuerpo, sin siquiera prestarle atención a la herida, y apuntó hacia Erza con su otro brazo.

Los pedazos de la meza hecha pedazos caen al suelo, se lograba ver la silueta de Erza en una postura en que blandiría su cuchillo.

En lugar de blandir el cuchillo, lo hizo con algo más rápido, contra el gran cuerpo del viejo Rom.

Ante aquel efímero grito de guerra, de vida o muerte del Viejo Rom.

—Olvidé decirlo, pero… Gracias por la leche.

Exclamó Erza, quien en su mano opuesta tenía un vaso roto, el cual le había encajado.

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