Capítulo 12: Reencuentro con la Bruja

—Bájate de las nubes, hermano. ¿Comerás o no la manzene?

En el instante en que recobró la consciencia, frente a los ojos de Subaru se encontraba una fruta roja y bien madura.

Vio aquello totalmente igual a una manzana, a esa fruta se le llamaría así de acuerdo a sus conocimientos, y comenzó a echar a andar sus pensamientos cuando antes no lo había hecho.

Con comerla, sería algo parecido a la fruta prohibida que lo expulsaría del paraíso.

Y si acaso la mordiera, quizás pueda salvarlo de esta situación que no entiende, ¿no?

—¿Me escuchas, hermano?

El hombre de mediana edad frunció el ceño, hablándole a Subaru que no hacía reacción alguna.

En algún lugar de su consciencia que no reaccionaba claramente, hizo una pequeña conexión, y entonces Subaru alzó su cabeza. Y volteó a ver a su alrededor.

Eran las primeras horas de la tarde, y se encontraba en la plaza de mercados.

En el interior de aquella tienda parecida a una verdulería, estaban acomodadas una gran variedad de frutos de todos los colores aquí y allá. Parecía recordar casi todo de alguna manera, y había pocos cambios.

Una gran multitud iba y venía por la calle principal, entre toda esa multitud había colores de cabello que no existirían en su mundo original, y literalmente cruzaban varios tipos de especies de personas.

A pesar de todo ese tumulto que llenaba una gran tranquilidad, la mente de Subaru se resquebrajaba.

Tocó su estómago con el brazo izquierdo, no sintió ninguna textura extraña en su carne, tampoco rastros de que sus órganos internos se hubieran salido, ni de que sus ojos hubieran sido cortados, todo eso comprobó.

—Ya, no lo entiendo…

Eso murmuró, Subaru sintió náuseas y vértigo, se tambaleó, y cayó.

 

※    ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※

 

—Es agua. ¿Quieres tomar?

Subaru comenzó a lamer poco a poco el agua vertida en el objeto de cerámica que le dio el señor.

El agua estaba muy fría, la sensación de frío se extendía desde la punta de su lengua hasta su seca boca, dándole tranquilidad a sus sentimientos hundidos en melancolía.

—Aah, deliciosa. Gracias. Es una persona muy gentil, señor.

—Nada de eso. Te desmayaste en frente de mi tienda. Parecía que lo hiciste después de comer mi mercancía, así que no fue nada divertido. Descansa aquí en la sombra hasta que te calmes.

Lo dijo sin sonrojarse, y aquel dueño de la tienda con cara de miedo, regresó al interior de la misma.

Veía su espalda mientras seguía sentado en el suelo, Subaru soltó un gran suspiro mientras acomodaba su espalda contra la pared de la tienda a la orilla de la calle.

Quien había ayudado a Subaru cuando cayó al suelo debido al vértigo, había sido el dueño de la verdulería.

Algo que no iba para nada con su apariencia, había concluido que Subaru había tenido un golpe de calor, e inmediatamente preparó agua y una toalla húmeda, y finalmente lo llevó hasta un lugar con sombra para que descansara.

Un gesto que cualquiera a juzgar por su apariencia, no habría hecho. Sin mencionar, que tampoco lo hubiera podido imaginar de aquel viejo calvo que resultó ser muy gentil, y de aquella joven hermosa que resultó ser una sádica que disfrutaba asesinar.

—Se suponía que me habían cortado el estómago y los ojos…

Balbuceó, y después comprobó nuevamente que pudiera ver la luz con sus ojos.

La herida en su estómago no estaba, su hombro izquierdo que había sido hecho trizas estaba en buen estado también.

Otra vez sus heridas habían sido sanadas completamente, quizás estaba soñando, pero nuevamente había sido abandonado frente a la verdulería.

—Aun así… Había… Perdido por completo, ¿no?

Quitó su mano de sus ojos, y puso sus manos frente a ellos.

A pesar de que sus dedos no habían tocado nada, sentía un ligero estremecer en ellos. Se extendía lentamente desde la punta de sus dedos hasta su brazo, para finalmente convertirse en unos horribles escalofríos presionando todo su cuerpo.

Con sólo recordarlo las raíces de sus dientes dolían, su cabeza comenzó a dolerle cuando trató de levantarse, incluso el tumulto hizo temblar su cuerpo por el miedo que lo perseguía.

Una naturaleza incomprensiblemente repulsiva, la personificación misma de una desesperación irracional ante la que nada se puede hacer.

Si no existía el hecho de que había sido expuesto a una incontenible sed de sangre, ni la experiencia de aquella violencia que trajo consigo el dolor, entonces no deberían de existir aquellos recuerdos en los que su cuerpo era hecho pedazos.

Su vida y la de sus amigos habían sido arrebatadas, hasta en punto en que esa sensación no hacía más que presionarlo, el corazón de Subaru estaba siendo carcomido por ese miedo.

El haberse encontrado con aquella existencia de comportamiento errático, incluso su mente lo rechazaba.

—No pienses, no pienses, en estupideces. No servirá de nada, no puedo hacer nada. Morí, eso pasó. No pudo haber sido otra cosa más que la muerte. Decir que pude escapar de la muerte muy apenas sería impensable.

Buscando la aprobación de ninguna persona, suplicaba Subaru perdón ante la muerte inminente.

En su mente, recorrían aquellos momentos en los que Felt fue cortada, y cuando el viejo Rom fue masacrado.

Y después de eso seguían los recuerdos del miedo y el dolor cuando le fue arrebatada la luz, cuando fue cortado, hecho trizas y abierto.

Experimentó una sensación horrible de náuseas, en ese momento Subaru se hecho el agua del contenedor de porcelana en su cabeza.

No era mucha la cantidad, pero era la suficiente como para bañarse en un agua fría gran parte de su cuerpo y la cabeza.

Se sacudió el agua que goteaba en su nuca, y se dio varias palmadas en su rostro para tratar de reanimarse y cambiar de ánimos.

—Hay que cambiar de ánimos, eso es. Es algo fácil. De alguna manera olvidé todo lo que ocurrió en ese lugar. Dejando eso de lado, ahora que lo pienso se supone que tengo un montón de cosas que hacer. Por ejemplo, tengo que pensar en una manera de vivir en un mundo alterno. Estar aquí preocupándome sólo será problemático, así que…

El hecho de que fui salvado, y de que quiero regresar el favor como agradecimiento, dejando a un lado los recuerdos de mi muerte.

—Maldición, no era eso, acabo de decir que no piense y ya lo hice…

Aunque tratara de no pensar, en los recuerdos de Subaru seguía apareciendo aquella joven chica de cabello plateado.

Para empezar, aquella chica fue el detonante de la mayoría de lo que había hecho Subaru en este mundo. Por ello, quitarla de su consciencia, para pensar en hablar de lo que haría en este mundo, era imposible para Subaru.

Sin embargo, al recordarla a ella, a fin de cuentas, traería aquellos recuerdos de sufrimiento y desesperación.

Sus pensamientos seguían girando en una espiral negativa.

El estremecer no cesaba, da melancólicos pensamientos seguían girando en círculos, sin vislumbrar siquiera una pizca de luz.

Sin saber qué hacer antes de avanzar, sin saber cómo terminaría todo aun estando inmóvil como ahora, Subaru no tenía pista alguna.

—¿Qué tal te sientes, hermano? ¿Acaso aumentó tu malestar?

Asomando su cara desde el frente de la tienda, preguntó el hombre con cara de miedo denotando preocupación.

A pesar de haber actuado de manera ruda, parecía emanar naturalmente una sensación de amabilidad de él. Subaru pensó que lo mejor sería alejarse de ese lugar, y no depender de tales consideraciones de él.

—Ah, creo que de alguna manera estoy más tranquilo. Lamento haberle causado molestias.

De alguna manera u otra, consiguió levantarse a duras penas, y devolvió aquel objeto cerámico al dueño de la tienda. El rostro del tendero denotaba que quería decir algo, pero se contuvo y no lo hizo.

—Algún día se lo agradeceré.

—No es necesario. En ese caso, cuando tengas dinero, vuelve a comprarme unas manzenes.

Dio una ligera palmada en el hombro de Subaru quien tenía un rostro de humildad, para luego levantar la mano y volver a la tienda.

Ante aquella sensación de alivio, con la cual se vio envuelta por esa amabilidad, Subaru tomó un gran respiro, y caminó a la calle principal. La multitud seguía moviéndose sin cambio alguno, mientras Subaru seguía en su posición, a quien no veían en la sombra de aquel lugar en la plaza de mercados.

—…Es hora de ir al almacén de objetos robados.

Pensaba vagamente, en sí debería o no ir allá.

Lo pensaba, pero dirigirse a ese lugar no sería bueno. El ir a ese lugar, significaría volverse a encontrar con aquel miedo.

Y todo volvería a tornarse de la peor manera, si volviera a encontrarse con “Erza”, significa que Subaru echaría por la borda su vida.

Fue invocado en un mundo alterno, sin haber logrado nada aún, más que su fin decadente.

—Haa. Si sigo así, ¿no significaría que volvería a huir?

Mostró una sonrisa ante su monólogo, metió su mano en el bolsillo, e intento caminar.

Hacia una dirección contraria a la del almacén de objetos robados. Esa era la conclusión a la que había llegado Subaru.

Echar todo por la borda, hundido en un mar de resignación, aparentando haber olvidado el favor que había recibido.

Así era incluso antes de venir a este lugar. Después de todo, era el tipo de persona que evadía todo problema a cualquier costo.

Vivía pensando que aquella conexión entre personas de dar y recibir era un total fastidio.

Hasta que…

—¿Eh…?

Levantó la cabeza, en el momento en que iba a dar su primer paso para retroceder a todo, salió una expresión de desconcierto de la boca de Subaru.

En medio de su vista, la multitud que iba y venía, cruzaba a Subaru quien estaba parado evadiéndolo. Había personas de gran estatura con piel de una raza de reptil, otras personas de una raza de humano-bestia que llegaban a la altura de la cintura de Subaru, una joven bailarina con cabello rosa, un espadachín con seis espadas.

Y ahí se encontraba una joven chica caminando a la cual le ondeaba su cabello plateado, con un vestido blanco.

Aquella joven le echo un vistazo a Subaru quien estaba parado, y pasó a un lado suyo evadiéndolo para no tocarlo.

Su largo cabello plateado agarrado ondeaba, una especie de olor a perfume de flores se mezclaba en el aire, estimulando sus fosas nasales.

Aquella mirada con fuerte voluntad, ya no observaba a Subaru, ahora se enfocaba en su camino al frente denotando una fuerte percepción.

Conservaba su fría apariencia, aquella despampanante belleza no denotaba melancolía, pasaba de lado a Subaru, quien seguía observándola.

—Espe-

No terminó de decirlo, tenía un nudo en su garganta, y se dirigió a perseguirla.

Sin detenerse, aquella joven se abría paso caminando entre la multitud. Gritó Subaru crispadamente, mientras en era perseguido en el interior de su mente por el malestar y el desconcierto a aquel cabello plateado que se alejaba.

—Oye, espera… Espera… Por favor, espera…

En un instante, aquella joven volteó como observando fríamente a un desconocido.

Hace unas horas, era la compañera con quien había estado.

No había hecho el mínimo caso a las advertencias que le dijo, y terminó metiéndose en problemas, puede que ahora lo odie por ello.

Aun sabiendo eso, Subaru continuó persiguiéndola.

No sabía lo que ella pensaba. Así que en ese caso, al menos querría que ella se lo dijera.

En el caso en que saliera lastimado por esos pensamientos que no podía más que imaginar, la realidad que era lo que lo había lastimado trayendo consigo aquel dolor.

—Espera, por favor. ¡Satella!

La detuvo, sin saber qué palabras decirle.

En el momento en que salió una clara respuesta de su interior, Subaru gritó repentinamente su nombre al recordarlo.

Sin duda alguna, ese grito irrumpió en el tumulto de la calle, y llegó hasta aquella espalda que se iba alejando.

Deteniendo el paso de aquella joven chica de cabello plateado.

Se abrió paso entre la multitud para llegar hasta donde estaba aquella joven parada, y tocó su pequeño hombro con la mano.

—No me ignores, por favor. Perdona por haber desaparecido como si nada. Pero, ni siquiera yo mismo logro entenderlo. Fui a buscarte al almacén de objetos robados, pero aun así, no pude encontrarte…

El rostro de Satella a quien le estaba tocando el hombro, denotaba sorpresa.

Aquella chica que había volteado, tan sólo había escuchado un montón de excusas. Excusas que parecían temerosas, y que dijo rápidamente.

Es lo que vio ella en Subaru, probablemente la razón era aquella mirada demasiado penetrante.

Sin embargo, aquella mirada de Subaru no reflejaba impaciencia alguna, sino más bien alivio.

A simple vista, no observó herida superficial alguna en el cuerpo de Satella. Al igual que Subaru, podría ser que después del incidente en el almacén de objetos robados, ella también recibió tratamiento para las heridas. E inclusive, podría ser que ella misma se hubiera sanado, pero ahora lo más importantes era…

—Lo siento, terminé hablando sólo de mí… Pero qué bueno que estés sana y salva.

El haber sido capaz de volverse a ver, era lo que más lo alegraba.

Ahora que lo pensaba bien, de quien ahora debía preocuparle era del acompañante de aquella chica; cómo se encontraba Puck. Especialmente para Subaru, él era a quien tenía muchas cosas por las cuales disculparse.

No pudo proteger la promesa entre hombres. Eso era un pecado por el cual debería ser culpado y regañado.

—Tú…

Luego de que Subaru dejara de hablar rápidamente, prosiguió Satella con sus labios temblorosos.

Un tono de voz parecido al de las campanas como el de hace unas horas, que le parecía como si no lo hubiera escuchado por un largo tiempo.

Ella estaba frente a sus ojos, había sido capaz de detenerla, de tocarla, y eso había llenado a Subaru de sentimientos fuera de lugar. Sin embargo…

—¿Qué es lo que pretendes?

Al contrario de Subaru quien tenía una sensación de alivio, ella fruncía el ceño denotando enojo.

Había hecho sus pálidas mejillas enrojecerse, encorvo su pequeño cuerpo, y quitó la mano de Subaru de su hombro. Dio un paso hacia atrás para tomar distancia, sus ojos denotaban un brillo de fuerte hostilidad hacia él.

Ante aquella reacción contraria a lo que esperaba, Subaru tragó saliva y permaneció callado.

Pero, ahora que lo pensaba mejor, era algo que obviamente ocurriría.

Era el momento en que recibiría un pequeño regaño de parte de ella, ¿no?

Cualquiera que sea la manera en que le grite, lo recibiría con amabilidad.

Esa era la resolución de Subaru.

—¡No sé quién eres, pero llamar a las personas con el nombre de la “Bruja de los Celos” es de mal gusto, ¿qué pretendes?!

Había sido hecho pedazos por aquella enojada voz, que iba más allá de su imaginación.

 

※     ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※

 

Fue golpeado por unas palabras de enojo que fueron más allá de sus expectativas, para Subaru parecía como si el tiempo se hubiera detenido.

El sonido de su alrededor, desapareció. Lo único que escuchaba era el sonido de los latidos de su corazón, y los fuertes respiros de la joven chica de cabello plateado enfadada.

Una ilusión que parecía haber hecho desaparecer todo a excepción de eso– No, no era una ilusión.

—¿Q-Qué?

Balbuceó, Subaru se dio cuenta de que su cuello se había movido extrañamente.

A su alrededor se encontraba la calle principal llena de peatones y comercios, justo ahora ellos dos estaban siendo observados por varias personas.

Se encontraba ahí mostrando una pronunciada vacilación, como siendo inmovilizado por esas personas, se quedó callado y estupefacto.

Era como si la conversación entre Subaru y Satella, estuviera dominando todo el ese lugar.

—Contesta mi pregunta. No te quedes callado.

Sin embargo, Satella no perdonaba esa vacilación que era debido al malestar que tenía Subaru.

Le reclamaba con estricto tono de voz, sin embargo fue incapaz de refutar ante tal acusación que no recordaba.

Discrepaban en cuanto al punto del problema, entre Subaru y ella.

—Preguntaré de nuevo. ¿Por qué estás llamándome como la “Bruja de los Celos”?

—No, es sólo que… Ese nombre…

—No sé quién te lo haya dicho, pero es de muy mal gusto. Todos lo saben. “La Bruja de los Celos” es un tabú. Nadie se atreve a nombrarlo. Mira que llamarme de esa manera…

Mostrándose disgustada, Satella—La joven chica, hundió a Subaru en las profundidades de un mar de desorden. Toda la multitud que se encontraba a su alrededor, eran quienes asentían ante las palabras de ella. Por lo que, aquello probaba la veracidad en sus palabras, lo que presionaba cada vez más y más las preocupaciones en la mente de Subaru.

Sin entender lo que le había dicho. Subaru tan sólo la había llamado por su nombre.

Sin embargo, ella lo había acusado, y después la multitud a su alrededor lo había asentido como la veracidad.

Seguía sin entender qué era lo que había hecho mal, tan sólo había sido reprochado por haberse equivocado. Trató de reflexionar, pero su actitud no parecía cambiar.

—Si no tienes más que decir, me retiro. No tengo tiempo que perder.

Lo dijo cortantemente ante un Subaru que sólo se limitó a bajar la cabeza, hizo ondear su cabello plateado con gallardía y aquella joven comenzó a caminar. Trató de gritarle, pero al instante su garganta se congeló cuando trató de decir su nombre.

Llamarla dos veces por su nombre significaría excederse. Pero, ¿entonces cómo es que debería llamarla?

Aquella vacilación, hizo disminuir la determinación de Subaru.

Consecuentemente, vio pasar de largo con desdén aquel suceso frente a sus ojos.

—¡Tch!

Aquel sonido, provenía de un lugar un poco más alto que la altura de Subaru. En los tejados de la plaza de mercados, encima de la punta de ellos.

Dio un salto. Aquel pequeño cuerpo caía lentamente por la fuerza de gravedad, justo cuando aterrizaba, alzaba vuelo y aumentaba la velocidad.

Aquel huracán, vestía una ropa algo sucia, y tenía un cabello rubio ondeando en el aire.

Se abría su paso entre la multitud con un movimiento defensivo excéntrico, y rápidamente irrumpió en el interior de aquel vestido de bordado de águila.

El contacto fue momentáneo,  sin embargo, aquel viento con una agilidad como esa, dos segundos eran más que suficientes.

El viento agitó aquel vestido, y parecía como si hubiera salido volando de aquella joven chica que inclinó un poco su cuerpo.

—¡No puede ser…!

La joven chica de cabello plateado lanzó un grito, y metió su mano en el interior de su vestido.

Sin encontrar lo que buscaba en él, comenzó a buscar la dirección a la que se había alejado con rapidez aquel viento.

Aquel viento tenía entre sus manos la insignia con un dragón  tallado, a lo que repentinamente Subaru gritó.

—¡¿Es Felt?!

Ante tal grito, aquel viento tembló con vacilación. Pero, sin perder velocidad, inmediatamente se fue volando desde aquella calle principal hasta un pequeño callejón.

Fue un trabajo perfecto y rápido. Después de haberlo logrado, se dio a la fuga en un instante. No lograba verla luego de unos momentos, aquella silueta podría ser—.

—Me la ha robado… ¿Para eso es que me distraías?… ¡¿Eres su cómplice?!

Fue incapaz de responder ante tales movimientos desconcertantes, y la joven chica le gritaba irritadamente a Subaru quien estaba parado.

En un instante dirigió la palma de su mano hacia él, pero luego parecía reflexionar y comenzó a correr, hacia el callejón al cual había salido volando aquel viento.

—¡Oye, espera! ¡Es un malentendido! Yo…

Para tratar de aclarar el malentendido, Subaru siguió a ellas dos hacia el callejón.

Mientras corría, la mente de Subaru comenzaba a llenarse de varias dudas extrañas.

Era una gran cantidad de información, que su impaciente mente no podía controlar completamente. Y eso incluía, el hecho de que este día se había vuelto a encontrar con la muerte.

—¿Por qué nadie puede ser gentil conmigo? ¡¿Por qué fui invocado en un mundo alterno?!

Exclamó aquellas palabras sin pensar ante los hechos ilógicos, mientras se adentraba en el oscuro callejón.

No tenía confianza en su estamina. Pero, no logró seguirles el paso debido a la velocidad.

Después de haber alcanzado sus espaldas, había salido aquella duda. Se había puesto en marcha aquello en su mente, pero…

—Maldición……¡Una pared!

Frente a Subaru quien se encontraba con una respiración brusca, lo que le esperaba era un callejón sin salida.

En ese lugar no se encontraba la silueta de ninguna de las dos a quienes perseguía. De acuerdo con sus recuerdos, la agilidad de Felt le permitiría fácilmente escalar la pared. Y tratándose de Satella como una usuaria de magia, no sería imposible para ella poder superar una o dos paredes.

—Creo que puedo subir la pared, pero… no creo que pueda alcanzarlas…

Principalmente, si la distancia se extendía, Subaru no sería capaz de seguir corriendo.

Aunque su fuerza física básica podía soportarlo en el interior de su habitación, algo como ejercicios aeróbicos eran imposibles en el interior de la misma. La insuficiencia de estamina era un punto débil de Subaru, incluso aquí se había percatado de ello.

—¿Si no puedo seguirles el paso, entonces debería ir al almacén de objetos robados? Si Satella y Felt siguen con vida, entonces… el viejo Rom también debe estar vivo.

Había decidido anticiparse, e ir a ver al viejo Rom.

Por ahora lo primero es salir del callejón, y luego dirigirse a los barrios pobres es la prioridad. Eso pensó Subaru, y dio vuelta hacia atrás.

—…Esto tiene que ser una broma, ¿no?

Luego de dar la vuelta, pudo observar unas sombras tapando la entrada al callejón en su vista.

Tres personas, sus apariencias eran sucias, sus caras denotaban su naturaleza vulgar, daban una impresión de ser violentos. Ahora mismo aquellas siluetas que eran desagradables, estaban obstaculizando el camino frente a Subaru.

Este era el comienzo del tercer encuentro en este día, con aquellos tres maleantes que buscaban a sus presas en aquel callejón.

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