Capítulo 13: El fin y el principio

—¡Esto tiene que ser una broma! ¡¿Qué tan persistentes son estos tipos?!

Observando esos tres rostros de los cuales estaba harto, Subaru golpeó fuertemente el suelo.

Era la tercera vez que se encontraban y encima de eso, todas esas veces ocurrieron en el callejón en un tres contra uno.

Era de admirar su persistencia en hacer a Subaru su presa, a pesar de que la primera y segunda vez ellos no obtuvieron más que resultados adversos.

Si esta no fuera una situación de ese tipo seguramente les aplaudiría por ello, pero…

—Ahora no tengo tiempo para lidiar con ustedes. Cuando ya tenga todo arreglado, con mucho gusto pelearé con ustedes, así que déjenme pasar ahora.

Parecía tener una sensación de impaciencia, pero en una ocasión Subaru logró ganarles en un tres contra uno, así que ya tenía algo de experiencia en ello. Si aunque sea un poco, intento intimidarlos mostrándome fuerte, quizás me dejen pasar, ¿no? Eso pensó, pero…

—Dijo que lo dejemos pasar. ¿Quién se cree?

—Oye, no me agrada esa actitud en la que te pones. ¿Crees que puedes darnos órdenes? Entiende tu lugar.

—Qué fanfarrones, ¿cómo se atreven a enfrentarme luego de que perdieran contra mí fácilmente en un tres contra uno…? Hasta un perro perdedor vendría con la cola entre las patas a pedir disculpas suplicándolo…

Aunque, incluso en una situación como esta, Subaru no podía reprimir el sentimiento que hacía sentirlo a sí mismo como un perro con la cola entre las patas.

En otras palabras, era como el lugar donde se reunían en secreto aquellos perros con la cola entre las patas, o los soldados sobrevivientes de un batallón que perdió la batalla.

—¡Estoy siendo muy negativo conmigo mismo! ¡Se supone que soy un personaje que debe mirar hacia arriba con mucha honra!

—Este tipo está completamente loco. Decidimos que sería nuestra presa porque tenía una vestimenta extraña, pero ¿no tendrá algo mal en su cabeza?

Ante el soliloquio de Subaru, sin denotar inquietud aquellos hombres hablaron entre sí. El hombre con el hacha y el otro desarmado perdían extrañamente el interés hacia Subaru, pero la mirada del último hombre con el cuchillo parecía más atemorizante pues era más aguda.

En sus ojos parecía que había hecho a un lado el valor de la billetera de Subaru, albergando en ellos una emoción realmente oscura y cruel.

Ante esa mirada, Subaru pensó en su interior “Esto es malo…”

En su segundo encuentro, Subaru había concluido que el hombre del cuchillo era el más problemático de ellos tres. Tanto en sus habilidades para cortar y matar a su presa, como en su actitud pues él era el más propenso a “volverse loco fácilmente”.

La mejor contramedida es empujarlo y evitar a toda costa un acercamiento, ¿no?

—Ya comprendí. No opondré resistencia. Díganme, ¿qué es lo que quieren?

Subaru levantó ambas ambos brazos, y respondió de esa manera mientras mantenía un comportamiento que no denotaba hostilidad alguna.

Dejó a un lado su forma de actuar firme que tenía hasta hace un momento y tomó una posición dócil para escuchar las peticiones de sus oponentes.

Si es que no lograba convencer al hombre del cuchillo, había decidido que escapar del lugar era la mayor prioridad en este momento. Podía soportar el hecho de perder algunas cosas materiales, pensaba en tratar de escapar a cualquier costo de este lugar.

Bueno, aunque si hiciera algo estúpido y su objetivo fuera vengarse de mí, también existiría la posibilidad de que termine recibiendo una paliza de ellos tres. En dado caso de que ocurriera lo anterior, les daría un golpe y saldría huyendo. Si lograra huir a la calle principal les sería imposible a ellos seguir actuando de esa manera, ¿no?

Ante un Subaru que había armado tal plan en el que se quedaría esperando a que el enemigo cometiera algún error para escapar, la actitud de los hombres perdía fuerza.

Y como burlándose de la cobardía de Subaru quien había tomado una posición en la que respondería a sus peticiones dócilmente;

—¿Qué ocurre contigo? ¡Si tanto miedo tenías desde un principio, lo hubieras dicho en su momento, estúpido!

—Maldita sea. Sí que tienes una gran boca, ¿no, mocoso?

—No hay problema. No te haremos nada, harás todo lo que te digamos, ¿no? Cobarde.

Ante todas las palabras ofensivas que le dijeron, Subaru no hizo nada, dejó que todo fluyera y rio amistosamente “Jajaja…”.

Nombró a aquellos tres que parecían no haber aprendido su lección “Ton”, “Kan” y “Chin”. Parecía que aún no estaban satisfechos con lo que le dijeron.

—Entonces, ¿qué le pedimos a este estúpido maldito cobarde?

—Primero que nos dé todo lo que tenga. Su extraña vestimenta y sus zapatos. Pero que se quede con sus calzoncillos, ¿no? ¡Después de todo, no somos tan malos!

Se burlaron sin mostrar piedad alguna ante Subaru que se había rebajado.

Por otro lado en su mente recorría una idea fuera del tema en cuestión. Entonces el concepto de “maldad” también existe en este mundo, ¿eh? Ante las palabras de ellos, Subaru recordó una fuerte sensación de malestar.

Me pidieron darles todo lo que tenga, mi ropa y mis zapatos, si no me equivoco eso fue—.

—Oigan, entonces ¿realmente no me recuerdan? ¿Acaso me golpeé fuertemente en la cabeza?

Después de todo, esa petición era completamente igual a la que le hicieron en su primer encuentro.

¿También habrán recibido un golpe en la cabeza? De no ser así, entonces ¿serían unas pobres personas que no tienen la capacidad para recordar y reflexionar de lo que dicen? Quizás sea porque usan demasiado esas palabras con otras personas y por ello no recuerdan ni a quién se lo dijeron antes, ¿no?

Quizás ellos no tenían remedio alguno, al reflexionar en la incomprensible actitud que tenían contra Subaru quien los había derrotado, tan sólo lo llevó a concluir en la opción más probable, esos tipos eran unos grandes estúpidos.

—Inclusive Felt, parece que hay demasiadas personas que no tienen la capacidad para recordar las cosas…

—Ya deja de decir estupideces. ¿No harás lo que te dijimos? ¿O acaso no tienes ni cerebro para hacer lo que pedimos?

—Eran los últimos de quienes hubiera esperado que me dijeran que no tengo cerebro…

Se detuvo con ese último murmullo, y Subaru dejó entrever que se disponía a hacer lo que le dijeron.
Así que pretenden dejarme en paz si les doy a cambio mi ropa y zapatos, ¿eh? Mientras pensaba en hacer alguna cosa contra esos tipos que se estaban acercando, metió su mano en la bolsa de plástico que tenía en su mano.

—¿Eh…?

La mayor sensación de malestar desde que había llegado a este mundo alterno, había hecho que frunciera el ceño.

—¿Por qué…?

Murmuró para después volver a revisar cuidadosamente el interior de la bolsa de plástico.

El ramen instantáneo de sabor Shoyu y Tonkotsu estaba dentro, en su bolsillo estaba su molesto teléfono celular y su billetera. Y finalmente, sus dulces dorados favoritos.

Así es, sus dulces dorados. Los dulces de sabor Corn Potage.

Los que había traído consigo al llegar a este mundo, además lo primero que se comió, uno de sus métodos de diplomacia que le funcionó enormemente para calmar la ira del viejo Rom en el almacén de objetos robados y que por consiguiente se suponía que casi se habían terminado.

Y ahora esos dulces, se encontraban llenos en el interior de la bolsa de plástico.

—Se supone que me los había comido. No quedaban más que unos pocos, estoy más que seguro…

Se suponía que no había más que una tercera parte de ellos en el interior de la bolsa.

El contenido de los dulces había regresado a cómo eran originalmente. Ni siquiera había rastros de que hubiera abierto la bolsa. No importaba cómo lo viera, era algo muy extraño.

Había logrado explicar la cura de las heridas. Debido a los precedentes de la magia de Satella. Y con ello, lo ocurrido como resultado trágico de la segunda ocasión en el almacén de objetos robados, Subaru se había convencido a sí mismo de que fue gracias a que fueron sanadas las heridas de los demás.

Sin embargo, digamos que existiera alguien que pudiera usar magia de restauración de alto nivel, sería posible que pudiera regresar las cosas que se supone ya no existen a su estado original, ¿no?

—Es verdad, la magia de replicación…

Recordó lo que el viejo Rom le había comentado.

La magia de replicación. Aquella magia capaz de replicar aunque sólo sea exteriormente algunas cosas. Si esa magia fue usada, sería posible reproducir esta situación.

—¿Pero qué harían con lo de la bolsa abierta? ¿No me digas que esa magia restauradora también es capaz de volver a pegarla?

No podía pensar en algo que fuera realista.

Además, le era imposible comprender el hecho de que pudieran pegar la bolsa de los dulces, en un mundo como este que al parecer desarrolló una civilización del tipo mágica, dejando a un lado el desarrollo tecnológico,

Su pensamiento estaba bloqueado en todos los sentidos. Pero, en el interior de su pensamiento bloqueado, Subaru había concluido a medias que este fenómeno no había sido obra de la magia de restauración. Mientras estaba sacando conclusiones no pudiendo explicar el desarrollo de los acontecimientos debido a que estaba negando una razón imposible y además era una probabilidad demasiado descabellada que estaba por convencerlo.

—¡Oye, maldito! ¿Qué crees que estás haciendo?

—¿Eh?

Al escuchar unas voces muy cerca de él, Subaru quien estaba perplejo dejó salir su voz.
Era un solo hombre. El tercer hombre desarmado al que había llamado “Kan”. Sin saber en qué momento se había acercado para estar justo a su lado, Subaru frunció el ceño al verlo.

—¿Qué ocurre? ¿Para qué te acercas? Sólo para que lo sepas, no necesito de tu ayuda para quitarme la ropa.

—¡¿Quién dijo que iba a ayudarte en eso?! ¡Tú fuiste quien se acercó como estando confundido hacia acá!

Era la primera vez que le gritaban con rabia y Subaru se dio cuenta de que se había movido desde el fondo del callejón hasta el lado que conecta a la calle.

Parece que se había movido inconscientemente cuando estaba hundido en sus pensamientos. Sin embargo, parecía ser que para esos hombres, la actitud estupefacta de Subaru no era más que una acción hostil contra ellos.

—Si no vas a hacer lo que decimos, entonces ¿quieres que te causemos algo de dolor?

—Mejor dicho, ya fue suficiente de estupideces. Vamos a darte una paliza.

Al ver su comportamiento de hartazgo y que comenzarían a hacer algo, Subaru dejó de sumergirse en sus pensamientos por un momento.

Ahora, lo que tenía que hacer era—

—¡¡Tomen esto!!

—¡¿Q-qué…?!

Levantó la bolsa de plástico que tenía en su mano y la lanzó lejanamente hasta el fondo del callejón.

Dibujando una parábola, la bolsa de plástico salió volando a toda velocidad hacia la oscuridad. En efecto, eso desvió las miradas de los hombres que habían planeado hacerlo su presa.

Al ver esa abertura como su oportunidad, Subaru se movió y se abrió paso entre aquellos hombres.

Justo como lo había concluido en innumerables ocasiones, ahora la máxima prioridad era poder escapar lejos de esos hombres. Después de eso, dirigirme al almacén de objetos robados, tengo que encontrar las respuestas ante esas dudas que me han surgido.
Aunque hasta yo pienso que no es más que una estupidez.

Suponiendo que por pura casualidad un súper humano de gran nivel con el dominio de magia de restauración, magia de replicación, o magia de curación hubiera aparecido en aquella escena trágica en el almacén de objetos robados y siendo una persona con un gran alma caritativa ayudó a Subaru y los demás curándolos gratuitamente, dejando solamente a Subaru al frente de la verdulería para finalmente desaparecer del lugar misteriosamente sin decir su nombre.

Aunque de alguna manera puedo consentir tal manera de decirlo en varios temas tan absurdos y exagerados.

—No, creo que estoy muy lejos de consentir algo como eso…

Aún se encontraba tratando de encontrarle consistencia a ello.

Al menos un poco mejor comparado a las tontas ideas sin fundamente que habían cruzado por su mente hasta hace un momento.

Con ambos pensamientos contrarios entre sí, Subaru corría por el sucio suelo del callejón.

Salió a la calle principal, mientras gritaba fuertemente los otros hombres lo perseguían.

El contenido de la bolsa de plástico era importante, pero debido a que la lancé hace un momento lo único que quedaba en el interior era la bolsa de dulces y la bolsa con un poco de cambio. Por lo que las pérdidas fueron bajas.

Concluyendo eso dio un paso al frente, inesperadamente por su impaciencia al dar un gran paso se resbaló.

Su cuerpo se tambaleó, con el pie que había puesto hacia delante quedó en una posición a punto de caer. Pero, perdió la fuerza en sus rodillas y terminó arrodillándose en ese lugar.

Colocó sus manos al frente, reprimiéndose a sí mismo que sería estúpido caer en un momento como ese.

Sin embargo.

—¿Eh? Qué extraño…

Trató de reunir fuerzas para ponerse de pie, pero sus brazos en el suelo estaban temblando. No era con mucha intensidad pero no podía levantar su cuerpo. Y además, como resultado de ello había dejado caer las cosas que tenía en su mano.

—Por eso te dije que obedecieras dócilmente lo que te pidiéramos, estúpido.

Escuchó aquella voz burlona venir detrás de él, de alguna manera Subaru giró su cabeza hacia ese lado.

Detrás se encontraba parado justo a su lado el número dos “Chin”, el hombre a quien le había dado un apodo muy humillante. Manteniendo una actitud de rudeza señaló a Subaru a quien habían hecho que se distorsionaran los extremos de sus labios.

Subaru siguió la punta de sus dedos con su mirada y se dio cuenta de la razón por la que se encontraba en el suelo.

En la espalda de Subaru tirado en el suelo, había una herida hecha por el cuchillo alrededor de la cintura.

—Goah… Gah…

En el momento en que se dio cuenta, un dolor intolerable cubría la garganta de Subaru.
Aquel dolor tan intenso le arrebató su libertad de movimiento.

¡Me cortaron! Me cortaron. Me cortaron. Me cortaron. Me cortaron. Me cortaron. Me cortaron.

A diferencia de los otros dos, el tipo del cuchillo “Chin” no se concentró en la bolsa de plástico. En ese momento, él fue el único que se sintió mayormente atraído por lastimar a Subaru que por el valor de los objetos.

Justo como había pensado, su prioridad debía haber sido hacerle frente a “Chin” más que a los otros dos “Ton” y “Kan”.

Este es el resultado de haberse descuidado. Era un dolor intenso que ya había experimentado antes en varias ocasiones, hace unas cuantas horas atrás. Sin embargo, aunque ya haya experimentado esa sensación, era imposible que estuviera acostumbrado a ello.

—Oye, ¿acaso me cortaste?

—No había de otra. Trataste de escapar. Y eso es algo realmente problemático, ¿sabes?

—Aah, esto es malo. También heriste el interior de mi estómago, voy a morir. … Mi ropa está empapada de sangre.

No pensaba en otra cosa más que preguntarle si es que lo había cortado, y es que debido al dolor intenso no pudo soltar quejido alguno.

Era imposible pensar en otra cosa, era un dolor que se llevaba consigo su consciencia. Y tomando en cuenta las palabras de “Ton”, una vez que perdiera la consciencia, se volverían unas heridas del tipo que no pueden volver a la normalidad.

Ahora que aún sigo consciente, tengo que hacer algo al respecto.

Eso decidió, reunió las fuerzas que aún quedaban en todo su cuerpo, juntó las fuerzas de sus aullidos. Los puso en la punta de su lengua, para tratar de aullar en todo caso.

—¡Bien, antes de que trates de hacer algo, mira esto, tengo dos cuchillos!

Sin piedad alguna, incrustó el segundo cuchillo justo en el centro de su espalda.

—Ough.

Trató de lanzar un grito, pero una parálisis parecida a una descarga eléctrica recorrió hasta la punta de sus extremidades en manos y pies, impidiéndole hacerlo.

El choque de ahora no se encontraba en una dimensión que le permitiera poder actuar de una manera en la que dejara salir un grito. Subaru ahora mismo, no tenía ninguna otra opción.

Después de todo, la herida de su espalda había alcanzado sus pulmones.

Aunque respirara bruscamente casi como si estuviera ronco, el respirar se tornaba doloroso sin sus pulmones inflándose.

La insuficiencia de oxígeno causó graves efectos a la actividad motora de Subaru, su pensamiento se debilitaba al grado de que parecía ser interrumpido.

Se desvaneció la sensación de sus piernas y manos, ni siquiera sabía si estaba boca abajo o boca arriba.

Ahora, a pesar de que sus ojos no habían sido dañados, no veía más que una profunda oscuridad.

Ahora ocurre esto, ¿eh?

Para él mismo, era patético el estar dependiendo de un pensamiento que se supone había hecho a un lado por ser una reverenda tontería.

Si fuera a depender de ese patético pensamiento, creía que era preferible tratar de depender de él hasta el final.

Después de morir, haré a un lado la consciencia. Antes de morir, tienes que estar al tanto del mundo alrededor.

Su vista se desvaneció. Sus manos y piernas dejaron de moverse. Lo que faltaba era su nariz y sus orejas. Siendo así, lo mejor era usar ambos sentidos al máximo. No importaba qué olor fuera a olfatear, ni siquiera le importaba que escuchara un grito. El apestoso olor del lodo del callejón. El apestoso olor del hierro cubierto de sangre. Ahora, su nariz había muerto. Murió. No quedaba más que una escasa actividad en sus oídos.

—… Sea lo que sea… Tiene que tener… Algo de dinero…

—…¡Maldición…! Los guardias… Vienen…

—¡Huyamos…! ¡Esto es malo! ¡¡Tiene que ser una broma…!!

Sólo oyó esa pequeña conversación. Fue pequeña, pero para cuando trataba de comprender el significado de eso su cerebro ya estaba muerto. Murió después de escuchar eso. No sabía qué era lo que recordaba luego de escuchar eso.

Puedo recodarlo, ¿no? Quería recordarlo, ¿no? ¿Qué era lo que quiero a hacer? ¿Qué era..?

Quería obedecer a su cerebro antes que otra cosa, una a una sus otras funciones se desvanecían, al final como escabulléndose se le salió un sonido y finalmente Natsuki Subaru por tercera vez, perdió la vida.

※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※

Subaru estaba en medio de la oscuridad, cuando su consciencia comenzó a discernir.

Se dio cuenta de que era la oscuridad que el mismo había creado, lentamente abrió sus párpados.

Y Subaru se cubrió con sus manos al sentir el impacto de los resplandecientes rayos del sol en sus ojos.

—¿Quieres la manzene, hermano?

Alguien le había preguntado aquello frente a Subaru, era una voz a la que ya había escuchado.

Sus oídos estaban bien. El tumulto de la calle principal era tan ruidoso como siempre, se encontraba lejos del silencioso y atroz lugar de aquel callejón.

A pesar de que había una diferencia en cuanto a la distancia, pues estaba a una calle doblando a un lado.

—No poder doblar esa calle a un lado, sería patético, ¿no?

Escuchó el murmullo en el que se burlaba de sí mismo, pero al ver que no había respondido a su pregunta el dueño de la verdulería que tenía una gran cicatriz frunció el ceño en señal de disgusto.

Parecía un comienzo complicado, pero en realidad Subaru sabía que era un personaje un tanto problemático gracias a la experiencia que había tenido antes.

Quizás el dueño de la verdulería no recuerde nada de eso, ¿no? Pensó Subaru.

Mientras pensaba eso, Subaru dirigió su mirada nuevamente hacia aquel hombre con cara atemorizante.

—¿Cuántas veces has visto mi rostro?

—¿Cuántas veces? Jamás te había visto, hermano. Nunca olvidaría a alguien con una apariencia tan extraña como la tuya.

—¿A qué día y a qué mes estamos hoy?

—Catorceavo día del mes de Tammuz.

—Gracias. Ya veo, así que el mes de Tammuz, ¿eh?

Aunque escuche eso, no lo entiendo.

Después de todo, no había comprobado qué tipo de calendario usaban en este mundo alterno, ¿no? Si la plática iba de acuerdo a días y meses, entonces se podía pensar que existiría algún tipo de calendario solar.

Sería una pregunta que se haría en una plática normal, algo de sentido común general, ¿no? Que se haría incluso ahora en la plática con el dueño de la verdulería quien estaría especialmente entusiasmado por vender.

El dueño era muy persistente con Subaru quien permanecía callado, pero quizás pensó que el cliente que había llegado hasta su puesto para comprar una manzana, no necesitaba de alguien que estuviera a su lado para hacerlo.

Sin dudarlo le mostró la manzana que tenía en la palma de su mano, por quién sabe cuánta ocasión incitándole a que se decidiera.

—Y bien, ¿quieres la manzene, hermano?

Hizo una especie de sonrisa con su cara atemorizante, era lo que llaman una sonrisa de negocios.

Su gran cicatriz se puso tensa, era una sonrisa forzada que no importaba cómo se le viera no era agradable de ver ni para los niños.

Preparándose para responderle, Subaru colocó sus manos en la cintura y levantó su pecho.

—¡Lo siento, pero no tengo ni en qué caerme muerto!

—¡Lárgate de aquí inmediatamente!

Ante el repentino grito de enfado, Subaru huyó del lugar mostrándose un tanto confuso.
Mientras pensaba; “Lo mejor será no volver a ir a esa tienda, ¿no?”

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