Capítulo 6: El fin del comienzo.

Entrando a la fase de búsqueda en los barrios bajos, no será nada extraño encontrarse con muchas dificultades ahora. O eso había pensado Subaru, quien finalmente había llegado hasta este lugar en un sorprendente desarrollo inesperado.

—De alguna manera, el ambiente se ha tornado algo un tanto amable… ¿Qué significa esto…? ¡¿Acaso es este el momento en que me vuelvo popular?! ¡Desde que iba en el kínder no pasaba!

Desde pequeño, Subaru era confundido como una niña por su largo cabello y sus encantadoras facciones. — Cambiando de tema, eso fue una historia nada graciosa de hace varios años.

—Supongo que es por tus golpes en la cara, pero…

—¡Tengo una pregunta! ¿Acaso este momento de popularidad es científicamente…? ¡¿No, este es un mundo de fantasía, debería decir mágicamente?! ¡Si hay alguna manera de comprobarlo mágicamente, díganmela!

—Creo que es una respuesta muy diferente a la que esperabas, pero tal vez sea por tu apariencia. Tienes rastros de sangre en tu ropa, y para estas personas pareces haber sufrido, es algo inevitable a la vista de ellos, supongo.

—¡Vaya manera de aclarar mi duda, maldita sea!

No hay duda alguna de que todos estaban actuando demasiado amables.

Incluso entre todos ellos, había una anciana que le señalaba algo parecido a una pequeña fruta seca diciendo; “Tienes que comer esto para vivir bien”. Mostrándose un poco tímido al momento de ponerlo en su boca, sintió un extraño sabor dulce y una pequeña sensación dura dentro de ella. Después, un olor extraño comenzó a fluir intensamente. Una sensación que provenía desde su interior hasta su nariz, e hizo que entrara en una pequeña agonía.

—¡Fwoooh! ¡Pensé que era un buen gesto de su parte, pero era como veneno!  ¡Veneno! ¡De alguna manera me hizo sentir calor en mi interior como si me quemara! ¡Maldita sea! ¡Puede que muera! ¡Maldita sea, moriré!

—Es mejor que lo comas, es el fruto bokko. Al comerlo, estimula el maná en tu interior, y acelera la curación de heridas. Los efectos difieren de persona a persona, y en la mayoría de los casos puede causar somnolencia…

Al ver la ruda respiración de Subaru ocasionada por la fiebre y transpiración, Satella puso un dedo en sus labios y dijo; “No”.

—Ya que sentiste eso, parece ser que tienes una gran cantidad de mana, Subaru. Y puede que mueras si ingieres demasiado de eso.

—¡Hubiera preferido que me dijeras eso antes de comerlos! ¡¿Qué se supone que debo hacer?!

—Hmm… Puck.

Y en respuesta a su llamado, Puck salió de entre su cabello plateado.

Lo había hecho de una manera excesivamente desganada, y no se parecía en nada a su manera alegre que había tenido hasta ahora. Y francamente se podría decir que estaba demasiado soñoliento. Sin haber escuchado nada de la plática de hace un momento. Y mientras Puck se tallaba sus grandes ojos, dijo.

—¿Qué ocurre? Ya casi llego a mi límite…

—Antes de dormir, tienes que asegurarte de comer. Mira, ya es la hora de la cena.

Mientras sentía esa ruda manera de hablar, Subaru se dio cuenta de que Puck estaba viéndolo con sus ojos negros. Y, esos ojos soñolientos, comenzaron a brillar como si tuvieran enfrente de ellos su platillo favorito.

—¿Puedo comer?

—No, no duele, ¿verdad?

No irá a mordisquearme desde la cabeza, ¿verdad? Hizo una pose de miedo mientras pensaba eso. Puck hizo una extraña y ambigua respuesta a ello, y extendió su pequeño cuerpo que estaba encima del hombro de Satella.

—Bien, a comeeer

Justo después, Subaru comenzó a experimentar una sensación, como algo desconocido cayendo en su interior y revolcándose bruscamente. Una sensación extraña, en algún lugar de su boca. Una sensación de malestar que parecía salir de todos los poros de su cuerpo fuertemente.

—Gracias por la comida.

Puck juntó sus patitas en señal de agradecimiento.

Ante tal gesto, como tratando de decirle “De nada”, Subaru finalmente sintió irse aquel peso sobre su cuerpo y comenzaba unos extraños escalofríos. Calor, y después frío. Sin embargo, no era un frío como aquella sensación en la piel, sino una sensación fría en el fondo del corazón.

Al ver tal apariencia de Subaru quien había puesto sus brazos en ambos hombros sin pensarlo, Satella volteó a ver a Puck y le reprochó.

—Puck.

—Lo siento, lo siento, hacía mucho que no lo hacía que no pude contenerme. Pero, tuve una extraña sensación de la puerta de Subaru. Para ser sincero, no tuve malas intenciones. Pero, al final se me pasó la mano y absorbí demasiado.

Se dio una palmada en su cabeza y se había sonrojado diciendo; “Tehee”, al lado de un Subaru que no reía, y a quien le había succionado su mana desde su puerta.

Y nuevamente, aparece aquel vocabulario al que no se está acostumbrado como mana y puerta.

—Quizás sea algo como los PM… El dolor que viene después de ser succionado…

Es aquí donde se muestra como un conocedor de videojuegos.

El problema aquí es, qué tanta importancia se le da a los PM en este mundo. Los precios de los ítems de recuperación de PM, son ridículamente altos, y se podría decir que dependiendo de ello impactaría bastante en las acciones.

—Lo siento, más tarde me aseguraré de explicártelo.

—En verdad lo lamento. Pero, no me arrepiento para nada. Estuvo delicioso.

Parecía un problema nada grave, por la manera en que Satella reprochó el comportamiento de Puck parecida a la de algún personaje principal de algún manga. Y por ello, tenerle rencor, y seguir con ese miedo, era algo innecesario en este caso.

—No pasa nada, tan sólo sentía tanto calor que pensé que iba a morir, pero eso ya pasó. Y más importante aún, gracias a mis logros sabemos el paradero del ladrón. Y gracias a mis logros, conocemos al ladrón.

—En verdad me alegra que seas de ayuda, pero que lo digas dos veces para enfatizar, es de mal gusto.

Tratando de cambiar el tema, terminó mostrándose como un pequeño egocentrista jactándose de sus hazañas.

La cara de Subaru riéndose irónicamente y la cara de Satella cambiaron como revaluando la situación. Ambos se disponían nuevamente a adentrarse a los barrios bajos.

—Lo siento, ya llegué a mi límite.

Después de haber dicho eso, Puck que estaba sobre el hombro de Satella, comenzó a bajar lentamente su cabeza.

Su pelaje gris como siendo investido en una fuente luz, empezaba a desvanecerse pálidamente como estremeciéndose.

—Me da la impresión de que es una manera de desaparecer como si fuera a morir.

—Es porque me he sobre esforzado. Para estar materializado tengo que usar mana, así que cuando desaparezco, yo me disperso. Lo siento, el cristal por favor.

—Entendido. Perdona por hacer que te esforzaras demasiado, Puck. Descansa bien.

Satella había sacado desde su bolsillo, un cristal de color verde del tamaño de la Palma de la mano. No daba la impresión de que fuera una gema, sino algo más cercano a un cristal para los conocimientos de Subaru.

Puck bajó de su hombro a su brazo para llegar al cristal, abrazó el cristal con su pequeño cuerpo y volteó a ver a Satella.

—Creo que ya lo sabes, pero cuídate mucho y no hagas nada fuera de tus capacidades. En caso de alguna emergencia usa un orbe, yo ya estoy a mi límite.

—Lo sé. No soy una niña, y puedo discernir el límite de mis habilidades.

—De eso no estoy seguro. No puedo confiar mucho en mi hija. Cuento con que te hagas cargo de ella, Subaru.

Hizo una sonrisa con algo de benevolencia denotada, y  de estar observando la cara de disgusto de Satella volteó su mirada hacia Subaru.

Mientras los observaba a ambos, pensando que estaba viendo algo parecido a una conversación entre padre e hija, Subaru puso su mano en el pecho fingiendo interés en su conversación.

—Por supuesto, déjamelo a mí. Cuenta con mi sensor del miedo. ¡Cuando haya algo que encienda el sensor de peligro, inmediatamente nos alejaremos!

—Casi no entendí lo que dijiste, pero cuento contigo… Bien, buenas noches, tengan cuidado.

Nuevamente volvió a ver a Satellla, y finalmente la silueta de Puck desapareció de este mundo.

Justo como había dicho, su figura se transformó en fragmentos de luz para luego desvanecerse.

Instintivamente el cuerpo de Subaru comenzó a estremecerse ante tal espectáculo que en su mundo antiguo definitivamente jamás hubiera visto suceder.

Satella acarició gentilmente con las palmas de su mano el cristal, luego de que Puck se fuera. Para después guardarlo con mucho cuidado en su bolsillo.

Siguiendo la corriente de lo ocurrido, se podía decir que en su interior estaba el alma de Puck.

—Ahora estamos solo nosotros dos… No pienses en hacer nada extraño, ¿eh? Puedo usar magia, después de todo.

Dijo Satella dejándose llevar por su estado de alerta, pensando en que trataría de espiarla para ver su pecho, sin siquiera saber las verdaderas intenciones de Subaru. Subaru inconscientemente levantó sus manos y giró su cabeza ante tal actitud.

—¡Por supuesto que no! Una situación como esta de estar solo junto a una chica no se me da desde la primaria. Es algo que no quiero, pero no puedo hacer nada al respecto. ¿Acaso no has visto hasta ahora todas mis capacidades como humano?

—Claro, un poder de persuasión bueno para nada de nada. …Bien, avancemos. Sin embargo, ahora que Puck no está con nosotros, debemos ser más cuidadosos.

Como dejando perplejo a Subaru que tenía levantado su pecho en señal de orgullo, ella se acomodó el tirante de su vestido, y dio un paso al frente. Y como siempre, giró su cuello hacia atrás desde donde estaba parada.

—Yo voy a la delantera, y tú irás atrás haciendo vigilancia, Subaru. En cuanto pase algo, avísame de inmediato. No pienses en hacer nada por tu cuenta. No es como si no quisiera que te lastimaran, pero es que eres débil…

—No me odies por lo que acabo de decir…

Como diciéndolo francamente, si quisiera mantener su imagen fría que hasta ahora ha mostrado, la parte anterior a “eres débil…”, era totalmente innecesaria.

Había una intención oculta en esa parte, parece que a fin de cuentas ella es amable. Hasta el punto en que se derretiría de ello.

Comenzaron su búsqueda juntos, viendo la cara de Satella como queriendo hablar. Aunque, no había cambiado nada en especial la manera de hacerlo.

Buscaban a los habitantes de los barrios bajos, y les decían las características de la persona que buscaban, dando vuelta tras vuelta sin encontrar pista alguna.

Subaru hacia el rol de escucha, y por el gran número de veces que lo había hecho, ya estaba empezado a acostumbrarse a su rol.

—Creo que puede tratarse de Felt. Es una pequeña niña de cabello rubio, ¿no?

Esa gran información provenía del décimo cuarto hombre al que le habían preguntado desde que comenzaron la búsqueda. Una persona a la que Subaru le había hablado muy confianzudamente; “¿Qué tal? ¿Cómo te va, hermano?”.

Con una cara que denotaba compasión al ver la sucia apariencia de Subaru.

—Si Felt fue la que lo hizo, en estos momentos ya debe estar en el depósito de objetos robados. Le habrá puesto precio con un cartel, la habrá dejado encargada en el almacén,  para que más tarde el dueño del almacén las ordene, juzgue y venda en un mercado de afuera…

—Qué sistema tan extraño… ¿Qué haría si ese tal dueño del almacén lo ordena y luego escapa con el objeto…?

—Si no pudiera confiarse en él, no sería el dueño del almacén. Es sólo que, no es como si fueran a decir que son cosas robadas con “Así es, lo son”. Tienen que hacer un buen negocio para recuperarlo.

Comenzó a burlarse el hombre, hablando sobre las reglas de los barrios bajos, ya que a quienes les robaron parecían ser unos totales tontos y podrían aprovecharse de ellos a su favor.

Habían obtenido información de él sobre el lugar donde se encontraban los objetos robados, lo que aumentaría las posibilidades de volver a ver lo que le fue robado.

Sin embargo, un nuevo problema emergería. Es decir, el hecho de que ambos estaban sin un centavo.

—Dijo algo sobre negociar, ¿qué haremos? Siento que algo pasará en el próximo evento que tendremos, a causa de no tener ni un centavo.

—Tan sólo quería que me lo devolvieran, ¿por qué tenemos que pagar por ello…?

Quien puso una cara de preocupación repentinamente, fue Satella al ver que el problema ahora se inclinaba a la cuestión de fondos.

El murmullo con razón lógica que había dejado salir sin pensarlo, no era erróneo. Pero era un hecho de que sus rivales no comprenderían su argumento. Una sabía decisión que podían tomar para terminar todo sin problema alguno, era seguir el consejo que les había dado ese hombre.

Aunque…

—¿Y esa insignia que te robaron, da la impresión de ser cara? Puede que incluso le eleven el precio, y yo ni siquiera conozco su precio en el mercado…

—… La gema que tenía incrustada en el centro, es algo pequeña. Ni si quiera yo sé cuánto valdría, pero sí sé que no sería nada barata.

—Una gema, ¿eh?… Eso es malo.

Incluso su compañero sin conocimiento alguno de esto, rápidamente imaginó que al tratarse de una gema y algo muy útil, el costo sería elevado. Ya que en este mundo carecía de habilidades para crear imitaciones, al ver tal objeto como la gema, era más que obvio pensar que era la verdadera gema. Y siendo así, también suponía que el precio puesto sería elevado.

Entendiendo que no había razón alguna para estar tranquilo, Subaru comenzó a sentir cierta preocupación por el comentario de Satella. Pues ella había dicho que no sabía el precio de un objeto como la medalla que era propiedad suya. Cabía la posibilidad de que fuera algo que le habían regalado, al no conocer el precio de ello.

—Por ahora, pensemos un poco en nuestro camino hacia el almacén de objetos robados. De lo que tenemos para negociar y sobre la posibilidad de que aumenten el precio…

Subaru supuso uno de las peores situaciones en las que se encontrarían, pensando en que habría algo que pudieran hacer.

Satella frunció el ceño ante tales palabras, Subaru movió las manos en respuesta a su confusión como diciendo; “No hay por qué preocuparse”.

Caminaron cerca de diez minutos, en lo que pensaban sobre su situación financiera.

Ambos voltearon a verse al llegar al frente del edificio conocido como el almacén de los objetos robados.

—Vaya, es más grande de lo que pensé.

—Entiendes lo que significa “almacén”, ¿verdad?… Tal y como dice su nombre, en este lugar están todas las cosas robadas.

Ciertamente, era obvio ya que estaría lleno de objetos robados que se venden por ciertos periodos.

Mientras pensaba eso en su interior, frente a la vista de Subaru se encontraba aquel almacén de apariencia nada igual a la de su horrible nombre, esperando su llegada.

En cuanto al conocimiento de Subaru el tamaño del edificio, era cercana al área de una tienda de autoservicio. Por cierto, no sólo era un edificio, también contaba con algo parecido a un estacionamiento de una tienda de autoservicio.

Era algo parecido a un bungaló, con un tamaño para poder estacionar cerca de 20 automóviles.

En sus alrededores no se podía observar casas alineadas como hasta ahora se había visto (pequeñas, en ruinas, sucias, como unas chozas con sus pilares apenas en pie). Tan sólo se alzaba una gran muralla detrás de él, literalmente estaba asentado en lo más profundo de los barrios bajos.

—Esa gran pared…

—La pared que protege la capital imperial. Parece que sin darnos cuenta hemos llegado hasta su extremo.

Al escuchar lo que había dicho Satella, Subaru vagamente imaginó un mapa de su actual posición en cuanto a la capital imperial. Parecía que esa gran pared cubría por las cuatro direcciones su topografía. En su interior, justo en el centro o al extremo norte, se encontraba un castillo, a una posición alejada de este lugar en donde se encontraban los barrios bajos.

Han pasado 2 o 3 horas desde que comenzó la búsqueda, lo cual le hacía pensar que así de grande era la capital imperial. Sin haber hecho unas divisiones claras, era de suponer debido a que no tenía comparación alguna con su lugar de origen.

—Bien, si como dicen los rumores ahí dentro está el dueño del almacén de objetos robados que se encarga de reunirlos… ¿Qué se supone que haremos?

—Seremos sinceros. Buscaremos en el interior lo que me robaron, y cuando lo encontremos, le pediremos que lo regrese.

Quién sabe cuántas veces había insistido en ese mismo argumento, pero Satella no quería escuchar nada más que eso.

Básicamente, era demasiado sincera. Como alguien que busca que siempre se haga justicia, un método que no era fácilmente aceptable para él.

Y se podría decir que es por eso que él se propuso a ayudarla, no en su propio beneficio, sino por la manera de ser de ella.

—Ah… Entiendo. Bueno, déjame el resto a mí.

De ahora en adelante era imposible que no se involucrara más en el asunto, así que sin ninguna otra opción Subaru se ofreció a sí mismo. Su último recurso. Un problema que estaba complicando la situación, perder de vista el momento correcto al hacer su salida tan rápido y descartar uno de sus ases bajo la manga. Subaru no dudó en esa determinación.

Por otro lado, quien se quedó estupefacta ante tal ofrecimiento, fue Satella.

Que de alguna manera, hojeaba con ojos de recelo a un Subaru con dudosa confianza.

—Entendido. Lo dejaré en tus manos, Subaru.

—Comprendo que no quieras asentir tan fácilmente. Hasta yo mismo entiendo que mis acciones que he hecho hasta ahora no han hecho más que hacer perder tu confianza en mí. Pero, te pido que confíes en mí… ¡¿Qué dijiste?!

—¿P-Por qué te sorprendes tan de repente?

—¡Es que el patrón que había estado fluyendo hasta ahora era el de pelear entre nosotros, ¿no?! “¿Dejarle a un bueno para nada con cero habilidades interpersonales como tú? Mira que tan fuerte me hiciste reír por una locura como esa, preferiría que lo hiciera un perro”. ¡Pensé que dirías un comentario como ese!

—Jamás diría algo tan cruel como eso

Satella respondió fuertemente al complejo de víctima de Subaru. Sin embargo, hizo un carraspeo, y fijó su mirada directamente con su par de ojos amatistas a Subaru.

—Ciertamente no has sido de mucha ayuda, ni siquiera ha servido de nada tus acciones extrañas ni tus comentarios, pero…

—Pero… Si le has dado valor a lo que dije. No hay nada que refutar, ¿verdad?

—…Pero, no creo que seas alguien que no piense buenas ideas, o una persona que dice mentiras.

Subaru estaba sumergiéndose en su propio odio, cuando aquellas palabras lo agobiaban, pero Satella tomó un respiro y prosiguió “Por eso…”

—Trataré de confiar en ti, Subaru. … Tengo la sensación de que ganaré algo si todo sale bien.

—La segunda parte no me animó demasiado, ¿no deberías decir algo como “Esfuérzate al máximo por mí”?

—No te pediría algo como eso. Pero, da lo mejor de ti.

En cierto sentido, era una joven chica que no decía mentiras.

Subaru hizo una gran sonrisa como respondiendo a ella, y comenzó a dirigirse a la entrada del almacén de objetos robados.

Su paso no era nada lento, pero tenía la sensación de presión debido a las expectativas y baja confianza que tenía en su espalda. Si regresara ahora mismo sin haber logrado nada, terminaría siendo un total inútil.

Subaru tenía entre sus manos algo de lo que no se había hablado hasta este momento, y ahora estaba observando, la bolsa de plástico.

En su interior se encontraban los objetos que había traído desde su mundo original. Que a decir de Subaru, eran posesiones únicas. Tenía las posibilidades de usar esos objetos para establecer un intercambio.

No sabía qué tan grande sería el precio de la insignia, pero podría ser que lo único de gran y extraño valor que había traído hasta este mundo era su teléfono celular.

Lo cual sería muy doloroso para Subaru, pero no sería posible establecer un intercambio sin usar sus propiedades.

Fue algo que no le dijo a ella, el último as bajo la manga de Subaru. Una carta que no había usado desde que llegó hasta este mundo. Si llegara la oportunidad de usarla, sin dudarlo lo haría, eso era lo correcto.

—Este… ¿Se encuentra alguien ahí dentro?

Tocó la puerta hecha de madera, cuando se paró frente a ella. Se escuchó resonar un sonido más bajo de lo que pensaba, pero no hubo reacción alguna en el interior.

Sintiendo algo de inseguridad, puso su mano en la perilla que desde un principio no tenía cerradura, y la abrió lentamente.

Su interior estaba totalmente oscuro, tanto así que la situación sería de irse a tientas en medio de la oscuridad.

¿Cómo era posible que no hubiera seguridad alguna en este lugar? Después de todo, se trataba del lugar donde reunían objetos robados.

—Quiero usar el baño… Este… ¿Hay alguien aquí?

Tan sólo metió la cabeza al interior, en la completa oscuridad donde ni siquiera la luz de la luna llegaba. Mientras le daba la bienvenida un olor a humedad, Subaru entró metiendo su pie.

Y luego, antes de seguir con la búsqueda, volteó a ver a Satella;

—Si entramos los dos juntos, podrían confundirnos con ladrones, ¿puedes esperar afuera?

—¿Seguro? Creo que lo mejor es que yo también entre…

—Hablaré de una manera amigable, y con ello es imposible que sea atacado por sorpresa. Sería un problema hacer que el dueño del almacén nos malinterprete cuando regrese del exterior, así que te lo pido, por favor.

Al ver que Subaru había bajado la cabeza, Satella pensó un poco en lo que dijo. Y después, metió su mano en su vestido. Enseguida sacó un cristal blanco.

Y le mostró a Subaru aquel cristal.

—Al menos lleva esto para que te ilumines. Haya o no haya nadie, asegúrate de hablarme.

—Lo sé. Tendré cuidado. … ¿Cómo hago para que esto alumbre?

—¿No sabes cómo usar una Ragumaito? De verdad que no sabes nada de nada, Subaru.

Lo dijo con un tono de voz que denotaba decepción y risa, y golpeó el cristal que tenía en su mano contra la pared ligeramente.

Y, tan rápido como lo hizo, el cristal blanco comenzó a liberar una tenue luz. La intensidad de la luz era débil, apenas lograba alcanzar a iluminar unos cuantos metros alrededor, pero era una luz más que suficiente para asegurar del peligro los pies y las manos.

—Ya que has usado todo tu mana, esto es una luz que no necesita uso de magia y fue reemplazada por una que usa mana, pero es ligero y muy práctico. Si deja de iluminar, tan sólo tienes que hacer lo mismo que yo, y volverá a hacerlo.

—Ya veo… Es muy fácil de usar. Bien, iré a ver que hay adentro.

Con la tenue luz de la Ragumaito en una mano, Subaru finalmente entró tímidamente. Mientras escuchaba que Satella le decía por detrás “No te sobre esfuerces”, levantó una mano en señal de respuesta a ella.

Tratando de arreglar la vaga vista que tenía al frente, ahí se encontraba una pequeña barra de bar frente a los ojos de Subaru que había atravesado la entrada. Parecía ser que anteriormente a ser un almacén de objetos robados, ese edificio era un bar.

En la dirección de aquella barra, se encontraba una caja de madera rota, se puede suponer que ese era el lugar donde el dueño o alguien más se sentaba en ella.

Parecía que el fin de aquella barra era cubrir el rol como de recepción,  encima de ella había varios objetos. Varias cosas como pequeñas cajas, vasijas, una especie de dagas, todo acomodado sencillamente.

Debido a la poca luz que había no alcanzaba a percibir aquellos precios, sin mencionar que también era un inexperto para calcular el precio de aquellos objetos con la vista.

—Creo que es más que obvio que los objetos de gran valor estén al fondo del lugar.

Los objetos robados que estaban acomodados, tenían junto con ellos un letrero de madera, con algo escrito en ellos que había sido tallado con algún arma filosa.

Lo cual, de acuerdo a lo que escucharon de aquel hombre, podrían ser los nombres de los ladrones que colaboraron en robar aquel objeto. Podría tomar todos esos letreros de madera, sacarlos, luego llevárselos a los guardias y finalmente culminar todo con una gran redada, pero…

—No sé siquiera si están usando algún nombre falso. Además, en esta situación, escuchamos aquella información venir de las personas extrañas en este lado oscuro del país en decadencia…

Incluso el orden en que habían llegado hasta este lugar los objetos robados era dudoso.

Si se tratara de un manga o una novela, podría saltarse el leer las partes que le desagradaban, imaginaba Subaru, mientras se adentraba aún más.

Extrañamente no había nadie, y comprendía que a medida que se adentraba más el tamaño y precio de los objetos robados aumentaba, en medio de la escasa iluminación que tenía.

Sin duda alguna, tratándose de una insignia con cristales incrustados, lo más seguro sería que estuviera al fondo de todo.

Mientras pensaba eso, inconscientemente aceleró su paso. Y en ese momento ocurrió…

—¿Eh?

Repentinamente, algo extraño en la suela de los zapatos de Subaru, hizo que lo detuviera.

No era una sensación como de haber pisado algo duro en el suelo. Al contrario, tuvo la sensación de que era una especie de sustancia pegajosa que había jalado desde el suelo.

Levantó su pie, tocó la parte de atrás del zapato con la punta de sus dedos, ahí se encontraba un extraño fluido pegado.

Algo colgaba ligeramente de la punta de sus dedos extrañamente pegajoso, e instintivamente estimuló su ansiedad.

—¿Qué es esto?

Acercó sus dedos a su nariz, y olfateó ese olor, pero con el olor del ambiente del lugar, no pudo diferenciarlo. Pero, no tenía la valentía para eventualmente probarlo con la lengua.

Pegó aquella desagradable sensación a la pared, que seguía provocándole una gran ansiedad, y dirigió la luz hacia el frente. Al seguir avanzando al frente, encontró la causa de ello.

—…¿Eh?

Sin pensarlo dejó salir una expresión, finalmente Subaru había reconocido “eso”.

En los alrededores iluminados tenuemente, lo primero que vio fue un “brazo” inmóvil tirado en el suelo. Tenía los dedos abiertos como buscando algo, y extrañamente del codo para arriba no había nada más.

Buscando la parte faltante, movió la luz, y nuevamente echada al fondo del lugar, encontró un pie. El pie guiaba perfectamente a la parte del torso del cuerpo, que estaba como debería estar con sus otras partes unidas.

Era el cadáver de un anciano corpulento, con el cuello cortado y sin un brazo.

—Hii…

Tan pronto como se dio cuenta de ese cadáver, Subaru dejó salir un extraño sonido de su boca.

En este momento, lo que dominaba en la mente de Subaru no era el miedo, el pavor o la desesperación. Dominaba un abrumador espacio en blanco en su mente, que había robado sus pensamientos de su interior.

Un espacio en blanco que limitaba sus decisiones como “correr” o “quedarse”.

Tan sólo se quedó parado, era un espacio en blanco que lo dejó inactivo hasta el punto en que quedo absorbido por la situación frente a sus ojos.

Y, como obra del destino de Subaru, ocurrió una consecuencia fatal.

—Aah, lo encontraste, ¿eh? Que se le puede hacer. ¿Verdad? ¿Qué se le puede hacer?

La voz de una mujer, pensó Subaru.

Tuvo la sensación de que era la voz de una mujer que de alguna manera parecía estar disfrutando, una voz baja llena de indiferencia.

—¡Guhaaaa!

No tuvo tiempo de voltear.

Justo en el momento en que iba a voltear hacia dónde estaba aquella voz, repentinamente el cuerpo de Subaru había sido mandado a volar por el golpe.

Su espalda fue golpeada contra la pared, la Ragumaito se le había zafado de la mano, tornando la vista en una total oscuridad.

Pero, la consciencia de Subaru no se tornó en ello. Lo que dominaba su consciencia era…

—Guuuh… Qué… calor…

Lo que dominaba todo su cuerpo, era una abrumadora sensación de “calor”.

Esto es malo, de verdad.

Se dio cuenta de que se encontraba tirado en el suelo, y podía sentir la textura de la sólida tierra en su rostro. Su cuerpo entero no tenía fuerza alguna, ni siquiera podía sentir sus dedos.

Tan sólo un inmenso calor dominaba el interior de su cuerpo, hasta el punto en que quería arrancarse el cuello.

Muy caliente, caliente, caliente, caliente, caliente, caliente, caliente.

Tan pronto como abrió la boca para tratar de gritar, lo que salió de ella no fue un grito, sino un conglomerado de sangre.

Una violenta forma de toser, vomitaba la fuente de la vida sin interrupción desde su garganta.

Como haciendo gárgaras, en la punta de su boca se formaban burbujas de sangre, provocadas por su expectoración.

Y lentamente, podía observarse al suelo teñirse de un color rojo fuerte.

Ah, toda esta es mi sangre, ¿eh?

Su cuerpo tirado en el suelo, estaba bañado con su sangre. El porcentaje de sangre de un humano es del 8% aproximadamente en su cuerpo. Y se dice que la tercera parte de ello, fluye en el cuerpo. Pero… Parece ser que toda su sangre ha salido.

El vómito de sangre saliendo de su boca, había terminado, pero…

La fuente del calor, que parecía estar quemando su cuerpo, aún seguía ahí. Y con su mano, que a duras penas podía mover, tocó su abdomen, mostrando que esa extraña sensación era real.

¿Qué es esto? ¡Siento como si mi estómago se fuera a romper…!

Así es, sentía ese calor. El calor era el efecto de la alucinación por el dolor.

La grave herida cortaba en partes iguales su torso, y la piel de su cintura apenas estaba unida.

En otras palabras, de alguna manera parecía estar confrontando el “Jaque Mate” de la vida.

Y tan pronto como se dio cuenta de ello, su consciencia se alejaba más y más.

Incluso el calor, que hasta hace poco lo mantenía retorciéndose, poco a poco se desvanecía, la sensación de su mano al tocar sus órganos internos y la extraña textura de la sangre. Todas esas sensaciones parecían desvanecerse a la lejanía como su consciencia.

Su cuerpo fue dejado atrás, rechazado para acompañar a su alma.

Y con un último esfuerzo, desde que comenzó a perder la consciencia, movió su cuerpo y levantó su cabeza.

Frente a sus ojos, el suelo cubierto como una alfombra de sangre fresca, unos zapatos negros formaban círculos al pisar el río de sangre.

Alguien estaba ahí. Y tal vez, esa persona que estaba en el suelo, se había suicidado.

Extrañamente, no daba la impresión de que tratara de ver a la cara a esa persona. Aquella persona que se había suicidado, no tenía recuerdo alguno para poder asumir que esa persona era tan solo una espectadora por casualidad, ni siquiera conocía el pasado de esa persona, no tenía interés alguno.

Lo único que pedía era “Que ella estuviera sana y salva”, tan sólo eso.

—¿…baru?

Tuvo la impresión de haber escuchado una voz parecida al sonido de las campanas.

Se encontraba en un estado en el que no podía saber exactamente de dónde provenía, o si incluso, solo escuchaba cosas.

Aun así, si fuera a rememorar confiando en sus recuerdos, esa voz era una horrible sensación que hacía estremecer sus sentimientos.

Por eso…

—…!

Y soltando un grito, llegó otra persona a la alfombra de sangre fresca.

Justo al lado del cuerpo tirado en el suelo, se encontraba su brazo extendido levemente.

Una pálida mano sin fuerza alguna para sostenerse, la tomó entre sus manos cubiertas de sangre.

¿Acaso fue una coincidencia?

Tuvo la impresión de que la mano que tomó, había movido sus dedos para darle un ligero apretón.

—…rame…

Movió hacia un lado su cabeza, en un intento inútil para ganar algo de tiempo ante el desvanecimiento de su consciencia.

“Dolor”, “calor”, todo va desapareciendo a la lejanía. Todo lo que hizo fue dar patadas de ahogado ante su inminente final.

Y a pesar de todo eso…

—Yo, voy a…

Salvarte a toda costa.

Y enseguida, Natsuki Subaru, perdió la vida.

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