Capítulo 7

—Fuguu.

Todo se había acabado, y Ayumi, mi zombi hermana menor, estaba inflando sus mejillas como un pez globo.

—No me importa esa crisis mundial o maligno rey demonio o como fuera. Cuando lo resumes, esto sólo fue tú siendo egoísta, Onii-chan. Asegúrate de hacer las paces con Mamá.

Ella era franca pero tenía razón. Y no necesitaba que Ayumi me dijera eso mientras se sumergía en el sofá y sacudía sus piernas. La basura de la cocina estaba llena de contenedores de tazas de fideos vacíos. Erika podía hacer los quehaceres de la casa, pero la casa parecía caerse en pedazos sin mi madrastra.

Erika suspiró mientras vestía un negligé adulto.

—Bueno, apuesto a que mamá te perdonará por todo una vez que sepa que regresaste. …Nuestra familia no tiene a nadie dispuesto a hacer la tarea ingrata de sermonearte.

—…Am, ¿Erika? No estoy sentado en el piso porque esté esperando una recompensa. Simplemente estoy asustado de esa aura “oh, vaya, vaya, ejejeje” proviniendo de ti.

—Pero, Onee-chan, ciertamente regresaste a la vida una vez que supiste que Onii-chan estaba regresando a casa. Repentinamente te diste un baño y te arreglaste. Y después de que sentabas en el muro con tus brazos sobre tus rodillas todo el tiempo que él se había ido.

—…!?

Mientras ellas se arrojaban información dudosa de aquí para allá, mi vida ordinaria estaba regresando.

Las personas infectadas de Rémoras rápidamente habían sido liberadas. Habían ido a la policía por las pequeñas creaturas llenando sus cuerpos, y el campo de batalla inundado, pero el océano brillante aparentemente había sido especialmente problemático. Todos asumieron que fue una alucinación después de tomar alguna clase de droga. Sintiendo como que tienes pequeños gusanos arrastrándose debajo de tu piel aparentemente era un estándar de las alucinaciones.

Gracias a eso, nadie estaba esparciendo mucho la historia. Ya que el consumo de drogas era visto muy duramente, aparentemente tenían miedo que consumirla mucho realmente podría conducir a más personas intentarlo.

No.

De acuerdo a Minaki-san, la Siren, ella había tenido de objetivo a las personas conectadas a Absolute Noah, quienes se habían infiltrado a la ciudad. En ese caso, podrían haber tenido miedo de hacer ondas, y revelar la existencia de su arca.

 

—Mamá.

Al siguiente día, visité el hospital después de la escuela.

Mi madrastra había sido herida en el estómago, pero el doctor dijo que no dejaría una cicatriz. Quizá gracias a que era una reina demonio.

—Toma algo de fruta.

—¿No pudiste traer algo con más encanto? Y mi estómago se está curando, así que comer eso sólo haría que me lastimara más.

¿Qué más se suponía que hiciera? Luciría bastante raro si trajera flores a mi madrastra de apariencia extremadamente joven.

—Pero ya que me estás visitando, ¿puedo asumir que nuestra pequeña guerra civil se acabó? ¿Estás listo para regresar a casa?

—No. —Negué con mi cabeza. —Aún no me has regañado por eso.

—Chico tonto. Estás a salvo, y eso es todo lo que necesito.

…Eso probablemente era todo lo que ella había estado pensando. A una medida triste. Al punto de que ella se haría enemiga de 7 billones de personas.

Así que tenía que decirlo.

Nuestra ridícula pelea familiar se había acabado. Estaba cansado de huir de casa para que así no tuviera que verla más. Pero eso no significaba que había resuelto nuestras diferencias.

La afrontaría.

Como alguien que yo había decidido que era familia.

—Mamá, no puedo aceptar lo que estás haciendo.

—Supongo que no. …¿Quién pensaría que puedes criar a tu hijo demasiado bien? Me hace algo feliz, lo cual hace esto más complicado.

—Y derroté al Leviatán esta vez. Probé que incluso un rey demonio a cargo de un pecado capital puede ser derrotado usando el método correcto.

—Espera, Satori. ¿Qué le hiciste al Leviatán…?

Podíamos discutir los detalles después. Eran bastantes como para llenar toda una novela. Pero mi conclusión venía primero.

—Peleemos, mamá.

Era irrelevante.

Este era el resultado de un humano desvergonzado que había tenido un golpe de suerte y había dejado que se le subiera a la cabeza.

Pero tenía que ser aquí.

Ahora era la única oportunidad. Si no lo hacía, las cosas sólo empeorarían hasta que todo se acabara.

—No huiré de ti más. No huiré de Absolute Noah. No huiré de la Calamidad. Pensé en esto seriamente, y encontré una respuesta diferente a la tuya. Así que, peleemos. Y no estoy hablando de una simple pelea a golpes. Me refiero a una más intelectual, a un nivel superior, y, más importante aún, una pelea con más significado. …Para ponerlo simple, peleemos para ver quien tiene el mejor método de superar la Calamidad.

Mi madrastra suspiró en la cama. Me miró como si fuera un niño testarudo.

—…¿Tienes idea de cuántos cálculos he hecho?

—No.

—…¿Tienes idea de cuánto he deseado por algo más?

—No tengo forma de saber algo que no me has dicho.

Encontrar un sencillo final feliz significaría un rechazo completo al camino que mi madrastra había tomado, de su áspera vida, y la personalidad creada por ello. Sería lo mismo que apuntar hacía ella, y reír mientras se le probaba qué tan estúpida era ella por dirigirse de frente a una tragedia cuando había una simple alternativa.

Así que esto era una batalla.

Mi madrastra siempre había rezado por algo como esto, pero ella había pasado el punto sin retorno ahora. Era una elección en un nivel completamente diferente. Encontrar eso haría mucho más daño que quebrar su nariz con un puño al rostro.

Tenía que entender eso.

Y después tenía que desafiarla a una batalla con todo el respeto.

Tenía que hacerlo con seriedad.

Mi victoria vendría con intenso dolor, pero tenía que creer que también la liberaría de lo que la ataba.

—…Realmente eres un chico tonto.

—Ya sé eso.

—Esto va a ser un camino espinoso. Mientras más me desafíes, más experimentarás el mismo dolor y sufrimiento que yo. Y eres un sensible y frágil humano. ¿Estás preparado para ser apuñalado por la misma agonía que un rey demonio no pudo soportar?

—Si salvará mi familia.

Mi madrastra no dijo nada.

Pero su rostro se arrugó.

El Leviatán era el rey demonio de la envidia. Era por eso que había desafiado a mi madrastra, Lilith de la Pereza.

Pero sentía que esto era lo que el Leviatán no podía perdonar por todo lo demás.

No importaba qué tan grande fuera la organización que creó, y no importaba cuántos aliados reuniera, seguía siendo un tiburón gigante que era temido por todos.

No importaba cuanto lo intentara, no podía crear una familia.

El Leviatán probablemente nunca siquiera consideró la posibilidad que mientras más trabajara en ser un rey demonio, más se alejaba lo que más quería. Si había querido el amor de una familia, sólo tenía que perezosamente abandonar su trabajo como rey demonio.

Era por eso que se había vuelto loco de envidia.

Mi madrastra no había hecho nada, y sin embargo tenía lo que el Leviatán había fracasado en obtener después de todo ese esfuerzo. Eso habría creado celos insoportables.

Tenía que saber todo eso, así que era bastante cruel por atrapar a ese tiburón solitario en soledad eterna.

—…No sé qué es exactamente la Calamidad. Sólo sé que es algo aterrador que guiará a la humanidad a la destrucción. Todo lo demás se me ha ocultado.

Tenía que decirlo yo mismo.

Tenía que endurecer mi corazón, jalar la mano de esta persona que había dejado de moverse y llevarla de nuevo al mundo iluminado por el sol.

—Así que dime. ¿Qué es la Calamidad? ¿Cuál es este gran desastre por el cual incluso tu grupo siente la necesidad de huir?

—Bueno.

Finalmente, mi madrastra comenzó a hablar.

Por fin, ella lentamente produjo las palabras que más quería escuchar.

No éramos madre e hijo aquí. Éramos rivales que nos veíamos como iguales.

—La Calamidad es…

Y.

Y.

Y.

Descubrí la desesperación que asesinaría al mundo.

Esta podría haber sido la verdadera línea de partida.

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