Capítulo 8: El sabor del sake joven

Después de haber logrado su venganza en el callejón, Subaru se dirigió a los confines de los barrios pobres. Y cuando finalmente llegó al frente de aquel majestuoso almacén de objetos robados, ya era la tarde.

—P-Por fin lo encuentro. … Sí que me tomó tiempo hacerlo, maldita sea.

Se había dejado caer frente a su destino al cual finalmente había llegado, mientras se limpiaba el sudor de su frente con las mangas.

Había estado dando varias vueltas, y fácilmente le había tomado cerca de dos horas llegar aquí. Comprobó el tiempo que le había tomado con su celular que tenía en el bolsillo. No había duda alguna, le tomó dos horas.

—Y eso que no tuve tiempo para pensar, porque me fui corriendo inmediatamente…

Evidentemente, él no poder haber leído el tablero de información, representó un gran obstáculo para Subaru.

En la capital imperial había muchas calles parecidas, y para un Subaru que no estaba familiarizado con el lugar, no podía ni siquiera depender en ver los nombres de las calles ni los comercios.

Y como resultado, no tenía de otra más que crear todas las soluciones posibles para el camino mientras lo imaginaba con sus recuerdos, pero…

—No he podido hablar con Satella ni con Puck. Y tenía vagos recuerdos del camino.

Y al entrar a los barrios bajos, aquella tendencia también fue notoria.

A diferencia de hace unas horas, debido a que alguien le había limpiado muy bien su jersey, la reacción de los habitantes del lugar fue muy fría y distante, lo que empeoró la situación.

Subaru había llegado hasta aquí sin la ayuda de nadie más, sin contar con ninguna de sus habilidades interpersonales, y habiendo pasado de aquel ambiente amigable a este.

Por eso, se había elogiado a sí mismo el haber llegado hasta aquí por su cuenta. Y se daría a una recompensa por el gran esfuerzo que hizo.

—Por fin voy a abrir mis dulces sabor corn potage. Para empezar, tenía tantas ganas de comerlo que por ello fui a la tienda de autoservicio. Hasta que me invocaron en este mundo alterno sin razón alguna, qué gran pecado fue ese.

Mientras decía todas esas cosas, Subaru abrió la bolsa de aquellos dulces.

El dulce olor y su suavidad se habían liberado, y dominaba en su cavidad nasal una sensación de alegría. Sacó un dulce de la bolsa, y con unos dedos temblorosos lo puso en su lengua. Una gran bendición, eso era lo que recorría en su sentido del gusto.

—¡Delicioso…! ¡Muy delicioso…! Y ahora que lo pienso no había comido nada todavía. Está muy delicioso.

Mientras saboreaba el dulce de aquella forma, recordó su largo viaje hasta ahora.

Ya que no pudo comer aquella fruta parecida a una manzana, su estómago había disminuido. Habían pasado cerca de seis horas desde aquello, había soportado mucho tiempo el hambre.

Después de haber engañado aquella sensación hambre de su estómago, Subaru se dio cuenta de que había algo que no podía engañar.

El corazón de Subaru comenzó a acelerarse, y su pulso no era ordinario. Pudo darse cuenta de que la sensación del flujo de su sangre en todo su cuerpo, no era comparable con aquella sensación de emoción en el callejón en el que se encontraba hace unos momentos, ahora era más fuerte.

Sus pies y manos pesaban, tenía la boca seca, y no era a causa del dulce. Un fuerte dolor como si hubieran golpeado su cabeza, y una gran vibración en sus oídos lo recorrían una y otra vez.

Dentro de este almacén de objetos robados, se encuentra la respuesta que estaba buscando Subaru.

Inconscientemente tragó saliva, y en su mente recorría aquella escena que no quería recordar.

El interior que se había llenado de sangre, el cadáver de un anciano sin un brazo. El cuerpo sin fuerza alguna de Satella a quien había involucrado por su culpa, y que él estaba al borde de la muerte por el corte en su estómago.

—No temas, no temas, no temas. ¿Acaso soy un tonto…? No, soy un tonto. No puedo voltear e irme de aquí, sin haber encontrado la respuesta.

Sin mencionar que no tenía lugar alguno al cual regresar. Con determinación se dirigió al frente, y al tratar de caminar, Subaru se dio cuenta de que sus rodillas temblaban.

La parte inferior de su cuerpo no respondía a sus órdenes, estaba temblando fuertemente. Se dio un golpe en las rodillas con el puño, para tranquilizar aquel estremecer por la fuerza, y esta vez finalmente comenzó a avanzar luego de tomar un gran suspiro.

Entre el color naranja de los rayos del sol, parecía que la puerta del almacén de objetos robados, rechazaba la visita de Subaru con un silencio sordo.

Había estado imaginando como si su cobardía lo presionara a sí mismo, Subaru golpeó la puerta con el puño.

—¿Hay alguien ahí?

Tocó ligeramente la puerta hecha de madera mientras pensaba en una esperanza efímera.

Inesperadamente, el sonido por fuera y dentro resonó sordamente. Pero, la única respuesta a ello fue el silencio y un sonido sordo.

Ante tal tranquilidad, Subaru temerosamente, aun sabiendo que sería inútil, tocó fuertemente la puerta.

—¿Hay alguien…? ¡Hay alguien, ¿verdad?! Por favor, respondan… Por favor.

Que alguien haya muerto, no quería ver tal resultado tan desesperante. Quería negar la realidad, no quería reconocerla, Subaru golpeó fuertemente la puerta.

Y reaccionando ante la violencia de Subaru, lentamente el ángulo de la puerta comenzó a inclinarse, y comenzó a moverse la vieja perilla.

Fue en ese momento.

—¡¡Qué ruidoso eres!! ¡¿Acaso no sabes el santo y seña?! ¡¿Quieres romper la puerta?!

La puerta frente a él se abrió fuertemente, y mandó a volar a Subaru que tenía su peso recargado contra ella como si estuviera sentado.

Fue enviado a cerca de cinco metros desde la puerta de entrada al almacén de objetos robados, Subaru que había rodado por el suelo torpemente, levantó la cabeza y sus ojos estaban perdidos.

Entre su vista de sorpresa, estaba un anciano en la entrada con la cara roja viéndolo a él.

Era un anciano calvo, y corpulento.

Podría ser que originalmente su chaqueta fuera blanca, pero debido al sudor de los años y el polvo, se había vuelto de color café, con sólo verlo se podía decir que tenía una apariencia de poca higiene. Un ligero olor extraño flotaba en el aire, eso podría ser la razón de ello.

Su ropa inferior estaba muy apretada por su musculatura, y contraria a la debilidad que se dejaba sentir por su edad, aparecía y desaparecía una sensación de fortaleza increíble.

En resumen, ahí estaba parado un anciano corpulento con barba, y que lucía estar muy bien de salud.

—¡¿Quién eres?! ¡No recuerdo haberte visto, ¿qué es lo que quieres?! ¿Cómo supiste de este lugar? ¿Cómo llegaste a este lugar?  ¿Quién te lo dijo?

Con aquel atroz ímpetu, el anciano acortó distancia y sujeto a Subaru con sus grandes manos.

Al saborear aquella sensación en la que sus pies lentamente se despegaban del suelo, Subaru comprendió su posición contra la de él. El incidente anterior fue totalmente diferente. Y a fin de cuentas, Subaru no era más que una mediocre persona común.

Este era el oponente contra el que no podría, aquel que excedía su fuerza física básica.

Sin siquiera resistirse y oponerse, fue llevado a cuestas por el anciano con una estatura cercana a los dos metros.

—Tome uno, como prueba de nuestra amistad…

Fijó su rostro rojo lleno de ira hacia el dulce de sabor corn potage— Y lo devoró de un bocado.

※    ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※ ※

Después de aquel encuentro que había dejado una impresión violenta, Subaru fue invitado al interior del almacén de objetos robados.

En la barra que estaba al entrar por la puerta, se sentó en la silla fijada al suelo para invitados que estaba preparada en ese lugar, y acomodó su trasero para sentirse más cómodo.

Debido a que gran parte de la silla tenía grietas, podía sentir un una sensación filosa en su trasero. Si su ano llegara a estar en las peores partes de ella, sin duda alguna sería una situación peligrosa.

—¿Qué ocurre? Desde hace un momento no dejas de moverte… ¿Tanto te duele en las bolas?

—No es que me esté tocando las bolas ni nada. Mejor dicho, regrésame la bolsa de los dulces. No me digas que ya te los acabaste todos, ¿eh?

En la barra, se encontraba parado el anciano corpulento en el lugar en el que originalmente estaría el dueño del lugar. Sacó una minúscula bolsa que juzgándose por la perspectiva que daba contra la de su musculoso cuerpo.

—Qué tacaño eres. Si no me das al menos una de estas delicias, te irás al infierno.

—¿No serás tú el que se irá al infierno por comer las cosas de otros, viejo? ¿No crees que eres muy grande de la era del “baby boom” como para decir excusas como esas?

—Otra vez hablas de esa forma, no entiendo nada. Por ello, me voy a comer esto… *Mmm* *Mmm*

—¡¡No te los comas!!

Se le puso encima y extendió su brazo, de alguna manera logró arrebatarle la bolsa de dulces al anciano. Pero, era demasiado tarde, la mayoría de ellos ya habían sido comidos por el anciano.

Subaru volvió a comprobar su interior en el que sólo quedaban algunos pocos, y bajó sus hombros.

—Aah… Mis preciados dulces sabor corn potage… ¡Puede que nunca más vuelva a probarlos aquí!

—¿Qué ocurre? ¿Tan valiosas eran esas cosas? Bueno, ciertamente nunca las había visto. Si es así, ¿por qué no vas a solicitar que usen magia de recreación con los restantes?

—¿Magia de recreación?

—Es una magia que duplica las cosas. Es incapaz de recrear a un ser viviente, pero tal vez pueda recrear la comida.

Ante aquellas palabras del anciano que rascaba su calva, Subaru se dio cuenta de la efectividad de una nueva magia.

En cierto modo, parecía omnipotente, mientras experimentaba esa emoción en su corazón, Subaru comenzó a echar un vistazo al interior del lugar de una manera casual.

Aquella noche en el almacén de objetos robados, Subaru no logró percibir trazo alguno de aquella tragedia que había experimentado en ese lugar. Todo estaba perfectamente acomodado en su lugar como si nada hubiera pasado, todo cubría fácilmente un gran espacio dentro del almacén.

Al percatarse de lo que hacía Subaru, el anciano cerró levemente sus ojos como en señal de beneficio.

—Mocoso, ¿hay algo en este lugar que te interese?

Y, llegados a ese punto.

Inesperadamente, las negociaciones con el anciano corpulento, llamado Rom (mejor conocido como el viejo Rom), estaba avanzando muy bien gracias a los dulces de color dorado que le había ofrecido ante su enojo (en este caso nada es metafórico).

El viejo Rom había quedado fascinado por aquel desconocido sabor en su boca, lo que a fin de cuentas, había resultado en que Subaru pudiera tranquilizarse más.

Y como cambiando de tema para preguntar la razón por la que vino, justo como Subaru había oído de uno de los hombres de los barrios bajos, el viejo Rom cambió su posición para comenzar a hablar mientras ellos se encontraban en la barra.

En la dirección de la barra, el viejo Rom puso sus fornidos brazos sobre ella, comenzó a verter en un vaso sucio algo de sake mientras reía.

—Bueno, los objetivos de las personas que vienen aquí pueden ser uno de dos. O vienes para traer algo robado, o vienes para llevar algo robado, ¿cuál es la tuya?

—Ciertamente, ese es uno de mis objetivos.

—Uno de tus objetivos, ¿eh? Entonces, eso significa que buscas otra cosa más, ¿no?

Ante lo dicho por Subaru, el viejo Rom levantó una ceja. Subaru asintió, después de eso, próximo a vacilar, dejándose llevar por su idiotez, hizo una pregunta con determinación.

—Sé que parece una pregunta estúpida, pero… ¿No has muerto últimamente, anciano?

Para ser más específicos, tu cuello y el brazo derecho cortados.

Pensó aquellas palabras, pero evitó decirlas. Después de todo, con sólo verlo podía decir que su cuello y su hombro no tenían rastro alguno de corte.

Después de escuchar la pregunta, volteó a ver a Subaru. El viejo Rom abrió sus ojos de color gris completamente, y como si el tiempo comenzara a volver a moverse, puso una cara de risa.

—Gahaha, ¿qué crees que dices tan de repente? Reconozco que soy un anciano que no le queda mucho para morir, pero aún no he experimentado la muerte. Aunque no es algo lejano a mi edad.

Mientas reía como si hubiera escuchado un simple chiste, el viejo Rom le ofreció una copa a Subaru “¿quieres tomar?”. Subaru apretó su nariz ante el olor del alcohol, haciendo un ademán con sus manos como diciendo que no gustaba y pronunció unas disculpas: “Lo siento”.

Se había disculpado, pero en el interior de Subaru rebosaba un gran malestar.

Ahora se encontraba hablando con el viejo Rom, sin embargo, Subaru había visto su cadáver.

En este lugar, en medio de la oscuridad, uno de sus brazos y su garganta habían sido cortados con un arma, el cadáver de este anciano que evidentemente no podía hablar.

Sin embargo, como negando aquella escena que se le había quedado impregnada en sus ojos, tenía frente a él, al corpulento viejo Rom encerrado entre la barra.

Con el vaso inclinado hacia un lado, y su cara roja era evidencia de que corría sangre por sus venas, algo anormal pues claramente había perdido una gran cantidad de sangre debido a la hemorragia y se encontraba pálido en ese entonces.

Sin duda alguna, el viejo Rom estaba vivo. Y además, se podía decir que había algo contrario a Subaru.

Recordando el pasado, el viejo Rom al igual que Subaru había sufrido graves heridas y habían muerto. Sin embargo, no había rastro alguno de ello, y ahora se encontraba en este lugar hablándole.

Pensando en que quizás había estado soñando despierto, Subaru no podía creer lo que estaba en su mente.

—Toda esa sensación, ¿fue un sueño en realidad? De ser así, ¿cuánto de eso fue un sueño y cuánto de eso fue realidad? ¿Por qué estoy en este mundo?

Como haciendo un reclamo para hacer olvidar esa sensación de impaciencia, se acomodaba nuevamente en su lugar para tratar de calmarse.

Esos remordimientos, aquel dolor de la herida mortal que parecía quemarlo, la calidez de la mano de aquella chica que tocó por un momento, si todo eso había sido una simple ilusión, entonces, ¿por qué estaba aquí?

Sea como sea, aumentaba la idea de que todo había sido un simple sueño desde que fue invocado en este mundo alterno.

Después de ser invocado en un mundo alterno, estaba a punto de decidir y aceptar que todo lo que había experimentado había sido un sueño.

—Viejo Rom, ¿has visto a una chica de cabello plateado por aquí?

—¿Cabello plateado…? No, no la he visto. No olvidaría haber visto tal apariencia tan sobresaliente. Ni siquiera aunque por ser tan viejo mi memoria fallara.

Gahaha, río fuertemente el viejo Rom, pero la expresión de Subaru decía que no podía creerlo.

El viejo Rom dejó de reír, y parecía haberse puesto serio en cuanto a actitud.

—Bebe.

Con total seriedad, volvió a mostrarle el vaso a Subaru.

Inclinó la botella de sake, y comenzó a llenar el vaso vacío con un fluido de color ámbar. El viejo Rom le dijo a un Subaru que permanecía callado y observando: “Bebe”.

—Lo siento, pero… No tengo ganas de eso. Además, ¿no crees que ya has bebido demasiado? Pareces un inmaduro.

—¿Eres idiota? No me digas que beber mucho sake es de un inmaduro. Tan sólo bebe, y verás cómo te calienta el estómago. Y si no logras soportar ese ardor, entonces terminarás vomitándolo todo.

—Así que toma. —Volvió a decir el viejo Rom por tercera vez, mientras le presionaba con el vaso frente a él.

Abrumado ante tal actitud de terquedad, tomó con la mano el vaso, se acercó a su nariz aquel fluido de color ámbar. El concentrado olor del alcohol, golpeó fuertemente sus fosas nasales, y sin pensarlo Subaru hizo una cara de asco.

Sin embargo, por un lado no estaba en posición para negarse por ello, por otro, estaba siendo impulsado por obedecer las palabas del viejo Rom.

Huir del sake, es algo que representa a un adulto mala onda, aunque eso era lo que pensaba más o menos.

—Claro… ¡Como diga!

Inclinó el vaso, y tomó de un sorbo todo el sake.

Sin saber cuánta cantidad había tomado de sake, Subaru comenzó a sentir en todo su cuerpo una especie de calor.

Agonizaba como si el sake quemara el lugar a su paso, y con mucha fuerza colocó el vaso en la barra.

—¡Pphuha! ¡Gagh! ¡Qué horrible! ¡Qué calor! ¡Fue horrible! ¡Nhaa, horrible!

—¡No lo digas tantas veces, parece que lo maldices! Eres un idiota que no sabe cómo divertirse en la vida al no reconocer el sabor del sake.

El viejo Rom tomaba un trago mientras le replicaba a Subaru que se encontraba vomitando lo que había tomado. Vívidamente, sin servir sake en el vaso, tomó directo de la botella.

Era fácilmente más de tres veces la cantidad que Subaru había tomado, el anciano dio un fuerte eructo y rio.

—¡Ah, ese fue un buen eructo! ¿Tienes ganas de seguir vomitando?

—… ¡Aah! ¡Lo lamento! Pero tengo que cumplir con otro de mis objetivos, viejo.

Subaru señaló un lugar al fondo del almacén, luego de limpiarse el sake con sus mangas y de voltear a otro lado que no era el de la sonriente cara del anciano.  En el lugar en que se suponía debían estar los objetos de gran valor, y no los objetos inferiores de bajo valor.

El viejo Rom cambió expresión por una con mayor seriedad. Y mientras Subaru veía eso, lo volvió a decir claramente.

—Estoy buscando una insignia con un cristal incrustado. Quisiera que me la diera.

Habló acerca de su objetivo personal.

Su objetivo de un principio. Su razón original era venir a este lugar para preguntar por ello, diferente a la de comprobar la condición actual de Satella.

Aquella insignia con un cristal incrustada que le habían robado a Satella. No le había dicho ninguna razón más, algo a lo que a ella no le importaba arriesgar su vida para recuperarlo, porque era importante para ella.

Si en verdad fue traída a este lugar en los barrios pobres, entonces tenía que venir aquí y averiguarlo. Tan sólo con comprobar la existencia de esa insignia, Subaru podría afirmar certeramente que todo aquello no fue un sueño y sí había ocurrido.

Ante tal cosa que había dicho Subaru con expectativas, el viejo Rom hizo una cara de intriga.

—¿Una insignia con un cristal incrustado…? No, lo siento pero no han traído nada como eso.

—…¿De verdad? Recuérdalo bien. Haz que esa memoria tuya funcione.

—Cuando bebo sake es cuando estoy en mi mejor forma. Si aun así no logro recordarlo, entonces no puedo decir más que no sé nada de eso.

Ante un Subaru al que le habían destrozado toda expectativa final, el viejo Rom sonrío inútilmente.

—Hoy traerán algo de gran valor, eso fue lo que me dijeron. Y puede que sea esa insignia con cristal incrustado de la que estás hablando.

—Y quien lo traerá… ¿Acaso es esa chica llamada Felt?

—Vaya, ¿incluso sabes el nombre de quien lo robó?

Como dándole poca importancia a las palabras del viejo Rom, Subaru había tomado una posición de triunfo sin pensar. El hilo que hasta hace un momento pensó que se había cortado, ahora estaba fuertemente unido.

La joven chica de quién cree fue la que robó la insignia, el nombre de Felt había salido aquí. Entonces, era evidente que aquello podía probar que Satella, aquella chica a la que le habían robado su insignia, existía.

O al menos, probaría ligeramente la posibilidad de que aquel evento con ese personaje, la chica de cabello plateado, había ocurrido y no era producto de la imaginación.

—Pensé que mi querida heroína de cabello plateado había sido una ilusión, y estaba frustrado…

—Lamento interrumpir tu preocupación extraña, pero el que puedas negociar por esa cosa que traigan y esto, son cosas totalmente diferentes, ¿no crees? Si es una insignia con cristales incrustados, tendremos que negociar bien el precio.

—¡Hah! ¡No importa cómo lo veas, eso será inútil, porque estoy sin un centavo!

—¡Entonces no tenemos nada que hablar!

En el momento en que trataba de hablar y además inflar el precio del negocio que se llevaría a cabo, gritó al llevarse aquella decepción por lo que escuchó. Pero, ante lo hecho por el viejo Rom, Subaru movió hacia ambos lados el dedo que había levantado.

—Tranquilo. Es verdad que no tengo dinero. ¡Pe~ro! El dinero no es lo único que se usa para obtener otros objetos. ¿También existe el trueque, no?

No hubo reclamo alguno del viejo Rom que mantuvo su boca cerrada. Subaru sacó algo del bolsillo de su pantalón, en respuesta a aquel mutismo continuo. Después, aquello que sostenía en su mano era…

—¿Qué es eso? Es la primera vez que veo algo como eso.

—¡Esto es un “celular”, un dispositivo mágico que hace que se congele el tiempo de cualquier cosa!

Era un teléfono celular blanco de tamaño compacto. Subaru comenzó a usarlo rápidamente, ante un viejo Rom que se encontraba perplejo al ver aquella cosa por primera vez. Justo después, una tenue luz blanca iluminó por un instante el interior del lugar.

Y como resultado de ello reverberó un sonido, y una luz había iluminado hacia el lugar en el que se encontraba el viejo Rom sorprendido. Ante tal acción, Subaru rio sin pensarlo.

—¿Qué fue eso? ¿Acaso quieres matarme? ¡No hagas nada extraño, no subestimes a un anciano!

—Espera un momento. Toma un gran respiro, tranquilízate, y luego mira esto.

Ante una cara enrojecida, por una causa distinta a la del alcohol, Subaru le mostró la pantalla del celular.

Con una mirada que denotaba sospecha, el viejo Rom bajó su mirada, movió sus ojos hacía el lugar de esa pequeña pantalla, y abrió sus ojos ampliamente.

Lo que se mostraba en ella, era el rostro del viejo Rom retratado. Había usado la función de la cámara del celular, para tomar una foto. Por supuesto, esa tecnología no existía en este mundo.

Justo como había imaginado Subaru, y mientras el viejo Rom se quedaba viendo la pantalla.

—Esa… Es mi cara, ¿no? ¿Qué significa esto?

—Te lo dije, ¿no? Que era capaz de congelar el tiempo. Con esta cosa, congelé el tiempo del viejo Rom, y luego fue encerrado en su interior.

Mientras decía eso, cambia la mira de la cámara y se tomó una foto propia. (selfie)

Después, volvió a mostrarle la pantalla al viejo Rom para que viera el resultado de ello, ahora se mostraba en la pantalla una la cara de Subaru haciendo la señal de la paz.

—De esta forma puede detener el tiempo. Pero no es nada inútil para nada, también puede usarse más veces para guardar más fotografías de recuerdos en el tiempo.

—Ya veo…Ciertamente… Esto es… Hmm.

El viejo Rom, colocó su mano en su barbilla, mientras veía de reojo el celular como si estuviera pensando.

Fue más de lo que esperaba, y Subaru se dio cuenta de que podía usar esto para el intercambio.

Como aumentando la confianza de Subaru, mientras el viejo Rom sostenía el celular en su mano.

—Es la primera vez que veo esto… Pero, creo que he escuchado de esto, creo que lo llaman “aparato mágico”.

—¿Aparato mágico?

Subaru inclinó su cabeza al escuchar una palabra a la que no estaba habituado. El viejo Rom asintió “Sí”.

—Es el nombre para ese tipo de objetos que le permite a las personas que no han abierto su puerta el uso de magia, como si fueran unos auténticos usuarios de magia. Aunque son algo escasos, y por ello es la primera vez que veo uno.

El viejo Rom lo decía con gran admiración, y veía el celular con mucha devoción mientras lo ponía en la barra.

Después de eso, volvió su mirada a Subaru.

—Ciertamente no sé calcular su precio. He estado vendiendo por mucho tiempo, pero… Jamás había visto este tipo de objeto mágico. Sin embargo, sin duda alguna es algo de valor sin igual.

Al haber visto un objeto mágico como ese por primera vez, y siendo un vendedor, era obvio que estuviera fascinado por su uso, ¿no? Mientras se oía su voz estremecerse, comenzó a hablar: “Por eso…”

—Si usas esto para el intercambio, puede que salgas perdiendo demasiado. No conozco el precio de esa insignia que buscas, pero no hay nada equiparable a este objeto mágico. Comparado con la cantidad de dinero por esto, creo que lo mejor es que vendas esto para que obtengas mayor beneficio.

En lo profundo de los barrios pobres, de una persona que hacía tratos en la oscuridad de objetos robados. De aquella persona, del viejo Rom había recibido un consejo que jamás habría imaginado venir de este lugar.

Para Subaru, sin duda alguna era una advertencia que lo había atraído.

En lo que respecta a precios de este mundo, Subaru no sabía nada.

Sin siquiera poder usar magia, o tener algún poder prominente.

Sin conocimiento alguno, y encima de eso sin poder leer su escritura, y el hecho más grave de todos, sin un centavo. Si es capaz de vender este teléfono celular, podría romper esas barreras con las que había lidiado hasta ahora. Al menos, no tendría por qué preocuparse por el dinero, ¿no?

Aunque sólo vislumbrara el día de mañana sin su pan de cada día, era algo que Subaru ansiaba con todas sus fuerzas. Era una decisión que debía tomar, justo como cuando se eructa después de beber cola. Pero…

—Claro, no importa. Cambiaré este objeto mágico por la insignia que traiga Felt.

—¿Por qué harías algo como eso? ¿Acaso vale más que este objeto mágico? O mejor dicho, ¿acaso insinúas que no tiene el valor del dinero?

Ante tal decisión de terquedad de Subaru, el viejo Rom respondió sorprendido. Por un lado, luego de haber inquirido por el precio de la insignia, incluso aquella sensación de estar bromeando aparecía y desaparecía.

Esa era su forma de pensar de él. Podía entender conceptualmente que hubiera algo más importante que el dinero, pero era no era posible fácilmente reconocerlo, ¿no?

Mientras trataba de reconocer ese valor, Subaru volteó hacia un lado y comenzó: “No…”

—Para ser franco, tampoco he visto esa insignia. Tampoco sé si vale más que este objeto mágico en cuanto a dinero, no me importa salir perdiendo en el trato.

—Y aun sabiendo todo eso, ¿por qué quieres hacerlo?

—Ya lo dije, ¿no? No me interesa si salgo perdiendo.

Subaru hizo sorprender por tercera vez al viejo Rom, con esos sentimientos tan decisivos. Así es, esa era la respuesta.

Aunque tenga que preocuparse por la comida de mañana, aunque el futuro que le espere sea oscuro, aunque su oportunidad para llenar la bañera con miles de billetes se alejara, no le importaba salir perdiendo en el intercambio.

—Quiero agradecerles. El favor que hace unos momentos ellos me hicieron. Si no lo hago, no me sentiré bien y no podré dormir. Después de todo soy alguien con muchos nervios, de la era de los baby booms. Por eso, aunque sea una gran pérdida para mí, recuperare esa insignia cueste lo que cueste.

—Fhm… Por lo que acabas de decir, eso significa que esa insignia no es tuya, ¿eh?

—Es una pertenencia de la chica de cabello plateado que me salvó. No sé por qué, pero era muy importante para ella.

—¿Es tu benefactora? ¿No está contigo?

—¡Soy su subordinado, ella continúa con la búsqueda en otro lado! O mejor dicho, el hecho de que me haya salvado aún no lo he comprobado, ni siquiera si ella existe o si puede que todo hubiera sido un sueño.

Mientras presionaba con su mano su otro puño, dejó salir aquella ansiedad que hasta ahora había tratado de negar, con una risa. Todo lo que había ocurrido hasta ahora, se había conectado entre sí finalmente. Era imposible que aquella joven chica no existiera.

Si pudiera conseguir aquella insignia, sin duda alguna volverá a encontrase con ella.

Y mientras el viejo Rom veía como estando extrañado a un Subaru reafirmando su determinación.

—Oye, ¿acaso no eres un gran tonto?」

Y, en cierto modo, cambiando su actitud, carcajeó alegremente.

 

Palabras del autor:

Cuatro días de publicaciones continuas.

En verdad me alegra que muchas personas lo hayan leído.

Estaré esperando las duras críticas y/u opiniones, si es que les interesa hacerlas.

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