Interludio: Comeré sin contenerme

Dejando moverse por el estremecer de la carreta dragón en su camino por las carreteras, Rem tan sólo pensaba en él.

Cerraba sus ojos ante un esplendoroso amanecer soleado y un aire templado, Rem quien tenía su mirada hacia abajo, levantaba lentamente su cabeza.

Al frente, estaban reunidas en fila unas carretas dragón que regresaban a la Capital Imperial.

En las carretas dragón se encontraban a bordo las personas que no estaban heridas y participaron en la batalla del sometimiento de la ballena blanca, los heridos de gravedad que habían recibido tratamiento mínimo, eran pocos.

Sin embargo, el ambiente alrededor de las tropas estaba lejos de ser melancólico, rebosaban de un sentimiento de éxito logrado luego de un gran tiempo fuera de su hogar.

Para ellos, aquel camino hacia la capital imperial, era como un regreso triunfal.

Ni el dolor de las heridas, ni aquella sensación de satisfacción por haber logrado una hazaña tan anhelada por muchos años, era concerniente a ello. En realidad, llevar consigo de regreso a la Capital Imperial la cabeza cortada de la ballena blanca en esa dura batalla, ellos serían recibidos con elogios por las personas, ¿no?

Contrario a las emociones que ellos sentían, Rem se encontraba pensando absortamente en el joven chico que no se encontraba en este lugar.

—Vaya cara de estar deprimida tienes, Rem. Parece que hay algo que te preocupa, ¿no?

—…Crusch-sama.

 

Al mirar junto de donde venía aquella voz, se encontraba Crush Karsten sentada justo al lado suyo.

Debajo de su armadura ligera estaba vendada, y aquella postura en la que se encontraba postrada no dejaba entrever efecto alguno por sus heridas. Pero, su rostro que denotaba gallardía, sí mostraba algunos rastros de cansancio.

No estaba montada en su amado dragón, sino en una carreta dragón lo cual le hacía preocuparse un tanto por sus alrededores.

Sin embargo, Crusch hizo desaparecer aquellos rastros de cansancio con un simple parpadeo,  y asentía para con Rem.

—Felis, Wilhelm y las tropas de sometimiento que viajaron con ellos, son la élite de la élite. E inclusive tienen el apoyo de Ricardo y “Colmillo de Acero”. … Además, se me hace difícil pensar que Anastasia Hoshin no haya tomado medidas preventivas por si acaso. El potencial de pelea del culto de la bruja es desconocido, pero ellos no son unas tropas de batalla cualquiera que perderían fácilmente.

—Aun así, me pregunto si estoy al final preocupándome egoístamente.

—No importa cuánto trates de aplastar la semilla de la ansiedad, no se puede eliminar por completo. Si aquella causa yace en tu interior, entonces vuélvete de alguna u otra manera, aquella determinación o reflexión intensiva de ti misma. Sin embargo, si aquello yace en otra persona, será complicado hacerlo. Decir palabras de ánimo a las demás personas, no es mi especialidad. Lo lamento.

Ante tal apariencia de Rem que denotaba una profunda expresión melancólica, Crusch reconoció que hablaba inapropiadamente y bajo la mirada.

En un instante, al sentir la cercanía de aquella joven que se había mantenido distante, Rem terminó mostrando una gran sonrisa sin pensarlo. Ante aquella sonrisa, Crusch exclamó: “Así está bien”, y tiró de su mentón.

—Incluso Natsuki Subaru lo dijo. Sonreír es algo que realmente va contigo, Rem. Luego de escucharlo, pensé que era una simple manera afectuosa de hablar, pero inesperadamente me doy cuenta de que no estaba bromeando.

—Inclusive cuando usted sonríe, parece como si todo el ambiente alrededor cambiara, Crusch-sama. Y es porque normalmente usted siempre está actuado con gallardía… Creo que cuando hacen que usted sonría, se ve realmente linda.

—…Ya veo. Entonces soy una mujer muy buena sonriendo. Creo que me arrepentiré por ello, pero por ahora no haré cambio alguno.

Ante las observaciones que le había hecho Rem, Crusch balbuceó aquello, e hizo su mirado hacia otro lado. Lo que se dibujaba en su boca era una sonrisa, pero aquello que no podía ser llamado una sonrisa era debido a que reía para sí misma.

Ese pequeño auto-aborrecimiento que dejó entrever Crusch, sorprendió a Rem.

Para alguien como Rem quien no tenía confianza en sí misma, Crusch, que siempre se había mostrado fuerte y valiente, era la viva imagen de una mujer ideal. A pesar de que su hermana Ram, era alguien más ideal para ella.

Pero, antes de hacer aquella referencia, Crusch ocultó su sonrisa, y cambió el tema.

—Subaru y los demás… Están en las tierras de Emilia. Desde un principio se había previsto el poder del culto de la bruja. Supongo que también se tomaron las debidas precauciones en los dominios Mathers, ¿no?

—Lo concerniente al Señor Roswaal, no está en mis conocimientos. Por ello, no importa cuánto profundicemos en el tema, no será de ayuda.

—Qué dura eres. Se trata de uno de mis aliados ahora, así que no me importaría que dejaras salir algo de información.

Aquellas palabras a modo de broma, llevarían a la preocupación a una recta Rem, ¿no? En realidad, aquella manera de hablar de Crusch, no estaba terminando para nada en hundir a Rem en un pantano de preocupaciones.

Además, fue una plausible suposición de Crusch. Tratándose de Roswaal, no habría duda alguna de que hubiera hecho una contramedida de alguna manera u otra en este asunto. Las acciones de Subaru, salvarían a Roswaal, y con ello, seguramente él quien había menospreciado el infortunio, recuperaría el honor.

No, ahora mismo, gracias a su cooperación en el sometimiento de la ballena blanca, era de suponerse que había recuperado su honor.

-El héroe, Natsuki Subaru.

Para Rem quien había salvado su corazón y su futuro,  ese era un mérito esperado, Subaru lo habría establecido de ahora en adelante, ¿no? No podría ser nada más que una reputación justificable por tan esplendorosa hazaña.

Rem no buscaba nada más que tan sólo coexistir al lado de ese esplendor, estando en una posición en la que a veces ella sea veía. Eso era más que suficiente para satisfacerla.

Cuando piensa en Subaru, el corazón de Rem siempre termina llenándose de muchos sentimientos complicados.

Poniéndose cálido, como si estuvieran tranquilizándose.

A pesar de eso, se volvía doloroso debido a la ansiedad que provenía de alguna parte, terminaba poniéndose nerviosa por la preocupación.

De esa manera, Subaru era el único que ponía su mente en constante alegría y preocupación a la vez.

—En verdad… Eres alguien que siempre necesita apoyo de los demás, Subaru-kun.

Con una leve sonrisa, susurraba afectivamente a aquella silueta que imaginaba en su mente.

Con su rostro hacia un lado de perfil, Crusch con su largo cabello recorriendo su espalda, veía el camino que seguían las carretas dragón en silencio.

—Hm.

Justo al mismo tiempo en que Crusch dejó salir aquella pequeña expresión, Rem levantó la cabeza al percatarse de un sonido extraño.

Sus ojos de color ámbar se concentraban en la carretas dragón a la delantera, el extraño sonido que Rem había percibido, también provenía de aquella dirección. Aquellas dos extrañezas, se unirían en un sólo detonante al siguiente instante.

Al frente de Crusch, la carreta dragón que iba a la delantera, repentinamente se “desmoronó”.

Literalmente, se desmoronó. Las carretas dragón fueron absorbidas por completo debido a un abrumador impacto, perdieron su forma y salieron volando.

Para Rem, aquel sonido de desmoronamiento fue parecido al sonido de la lluvia.

Flotaba en el aire una neblina de sangre, en un instante aquella vista de las carretas dragón, se tornaba en una escena tétrica y sangrienta.

Los dragones de tierra, las carretas dragón, las personas ilesas que se encontraban en ellas, todos ellos hasta sus entrañas, fueron hechas pedazos en un instante sin misericordia alguna.

—¡Tch! ¡¡Ataque enemigo!!

Crusch gritó instantáneamente ante la vacilación por el ataque, llamando a las tropas a tomar las precauciones debidas.

Acto  seguido, los guerreros de las tropas de sometimiento, lo consideraron una situación inusual, y prepararon sus armas ante el ataque. Inclusive Rem ignoró su fatiga corporal, y se levantó con su lucero del alba. Después, observó una sombra en la dirección de la neblina de sangre.

Desarmado. Indefenso. Sin estado de alerta. Esa era una malicia incontenible, sutil, inocente, inclemente–.

—¡¡Extermínenlo!!

Gritó fuertemente Crusch a sus tropas, los caballeros después de escuchar sus palabras, en lugar de asentir hicieron sonar las riendas. Aceleraron su paso los dragones de tierra que bufaron, las carretas dragón hicieron un grito de guerra para ir a aplastar y asesinar a su presa. Su objetivo era el mismo, hicieron impacto directo contra aquella sombra que permanecía parada, para hacer mandar volar a su oponente que no tendría oportunidad alguna para evadirlo—,

—¡Crusch-sama—!

Gritó Rem quien tomó a Crusch de su delgada cintura, y saltó a un lado de la carreta dragón para alejarse. No logró alcanzar a los caballeros de las tropas. Ante la frustración Rem mordió sus dientes, y al siguiente instante escuchó una voz.

—Vaya, será mejor que te detengas. No he hecho nada como para que digas algo como exterminarme, ¿no crees que es algo que definitivamente no querría una persona respetable?

Esa era una tranquila voz tanto como si pareciera estar caminando despreocupadamente por el parque a primeras horas de la tarde.

En realidad, incluso si Rem hubiera escuchado esas palabras en un parque, no sentiría más que el estremecimiento de hasta ahora.

Sin embargo, aquella voz había salido en aquella trágica escena cubierta de sangre y pedazos de las carretas dragón.

A simple vista, era un personaje para nada inusual.

Su constitución física era de mediana estatura, con cabello blanco natural ni tan largo ni tan corto. Su vestimenta blanca que combinaba con su cabello no era ni tan esplendorosa ni tan desastrosa, su rostro no tenía nada especial, tan sólo era un hombre común y corriente.

Pero aun así, los dragones de tierra que se habían dejado ir con todo su ímpetu, fueron cortados a la mitad en cuanto entraron en contacto con ese hombre, sin hacer diferencia alguna, también los caballeros junto con las carretas dragón pulverizadas fueron destruidos.

Aquel estremecimiento que Rem sentía anteriormente, no era debido a aquella trágica escena frente a ella, ni a la actitud de aquel hombre, sino que era el hecho de que aquel hombre los había pulverizado “quedándose tan sólo de pie”.

Aquel hombre no hizo nada. Con tan sólo “quedarse de pie” había derrotado a las carretas dragón y al ataque directo que iba frente a él.

—Te doy las gracias, Rem. Me salvaste. …Pero, la situación no ha mejorado para nada.

Crusch, quien estaba siendo abrazada fuertemente por el brazo de Rem, se levantó. Se mantuvo alerta con aquel hombre desarmado, y fijó una mirada de dolor ante los charcos de sangre generados por las carretas dragón esparcidos por todos lados.

—Te has atrevido a hacer algo tan desalmado a mis súbditos. …¿Quién demonios eres, maldito?

Albergando un agudo espíritu de lucha en sus ojos, Crusch preguntó  con una voz rígida a aquel hombre.

Ante la pregunta de Crusch, aquel hombre colocó su mano en su mentón, y asintió repetidamente.

—Ya veo, ya veo. Eso significa que tú no me conoces. Pero, yo te conozco. Porque justo ahora en la capital imperial… Mejor dicho, en todo el país, están exaltados por ustedes. Después de todo, eres una candidata al trono real. Una etiqueta de estatus social, creo que así le dicen, ¿no? Aunque para alguien como yo que no tiene interés alguno, me imagino que debe ser algo que requiere una gran determinación para llevar sobre la espalda, algo tan grande y absurdo. Parece algo muy problemático.

—Basta de parloteo. Responde a mi pregunta. La próxima te cortaré.

—Una manera cruel de pedirlo, ¿no crees? Pero, no creo poder llevar sobre la espalda a un país como ese que no puede ser arrogante, ¿sabes? Aunque no puedo ni comprender un poco de aquella sensibilidad. Si me dieran a elegir el trono, no pensaría en nada más que sería una gran carga de responsabilidad sobre mi espalda. Ah, justamente porque no logro comprenderlo, creo que lo mejor será ¿negarlo? Para mí, una arrogancia como esa, es irrelevante. Yo soy diferente a ti…

Dándole largas, aquel hombre ignoró la petición de Crusch, y siguió hablando sin detenerse. Pero…

—Te dije que no habría segunda oportunidad.

En el mismo instante en que Crusch declaró lo anterior, blandía su hoja del viento.

Combinó en su técnica de espada la “protección divina de la veleta” y la magia de viento

— Era la técnica de “un golpe de cien personas” de Crusch.

El ataque invisible cortó a aquel hombre, aniquilándolo sin que siquiera se diera cuenta de que fue cortado.

La primera batalla de Crusch— El poder de la espada de “la Doncella de la Guerra”, tiene sus fundamentos en una anécdota que relata haber protegido de los daños los territorios del Duque Karsten antes de que ocurrieran, en donde apareció una mabestia el “Gran Conejo”.

Aquel ataque de espada que contribuyó enormemente a hacer caer a ese gigantesco cuerpo, e inclusive capaz de cortar la voluminosa piel de la ballena blanca— Era de esperarse que comparado a la masa de aquella mabestia, el cuerpo de ese hombre no podría soportarlo

Sin embargo…

—… Mira que cortar a una persona mientras está hablando de una buena manera de otros, ¿en dónde está tu educación?

Con el cuello inclinado, ahí se encontraba aquel hombre sacudiéndose su cuerpo que había recibido el ataque.

Ante aquel ataque que había logrado cortar a la ballena blanca, aquel hombre no hizo ni un ligero movimiento, su cuerpo… Qué decir de ello, ni siquiera había rastros del corte recibido por el filo de la espada en su ropa.

Era un fenómeno desconocido totalmente diferente al resultado que se daría por haberse protegido del corte.

Crusch tragó saliva, Rem también endureció su cuerpo ante tal resultado fuera de los límites del sentido común.

Aquel hombre se mostraba afligido de manera ostentosa, y mientras movía el cabello en su frente hacia arriba comenzó: “Oigan…”

—Yo estaba hablando. Estaba hablando, ¿no? ¿No se te hace extraño el que me hayas interrumpido? Aunque no voy a insistir en que tengo derecho a hablar, ¿sabes? ¿Acaso no es del sentido común no interrumpir a los demás cuando están hablando? Aunque no me quejaré puesto que cada quien es libre de decidir si escuchar o no escuchar, ¿sabes? ¿Qué te parece si decido que no lo digas? Después de todo, son los principios de cada persona, ¿no?

Mientras decía todo aquello rápidamente, aquel hombre disgustado comenzó a tocar el suelo con sus dedos del pie. Siguiendo de esa manera, señalaba espeluznantemente a ellas dos que permanecían calladas, e inquietándose nuevamente hizo un chasquido con su lengua.

—Lo siguiente es el silencio, me pregunto por qué será eso. ¿Están escuchando? ¿Escucharon? Hice una pregunta, ¿no? Si fue así, tienen que responder, ¿no? Eso es, ¿no? No lo harán. No quieren hacerlo.  Aah, esa es la libertad. Y esa es también la libertad de ustedes. Esa es la manera en la que deben usar su libertad. Está bien, hagan lo que quieran. Pero, ¿saben? Eso significa entonces esto, ¿no?

Ese hombre se inclinó al frente como cayendo, y la luz en sus ojos de locura se fortaleció. Después—

—Ese es mi derecho— ¿Significa que estás ignorando una de mis pocas posesiones personales?

Luego de que comenzaran a recorrer los escalofríos por la espalda de Rem, aquel hombre se movió. Levantó su brazo que tenía abajo sencilla y zigzagueantemente, produciendo un ligero viento.

En el siguiente instante, directamente encima del brazo de aquel hombre— La tierra, la atmósfera, el mundo, se fracturaron.

—…

Girando, girando, se encontraba el brazo izquierdo de Crusch cortado hasta el hombro, flotando en el aire.

Su brazo estando en la posición como tomando la espada, que no tenía, estaba volando, esparciendo sangre por todos lados y cayó al suelo. El cuerpo de Crusch cayó al suelo ante tal impacto, comenzando a convulsionarse por el fuerte dolor y desangrado.

—Crusch-sama—

Rem quien quedó perpleja por unos segundos, volvió en sí, saltó a donde se encontraba Crusch. Después de eso, colocó sus manos en las heridas de donde salía sangre de Crusch, usando con todas sus fuerzas el poco mana que tenía para detener el sangrado y sanarla.

El brazo de Crusch, sus huesos y carne hasta el nervio, habían sido cortados perfecta y vívidamente. Hasta el punto en que no se podía más que elogiar aquel formidable corte.

—Ferris… Uh, aah, ¿eh?

En medio de los brazos de Rem, Crusch se encontraba diciendo cosas alucinando en su mirada perdida. Su mano derecha tomaba el pie de Rem, apretando tan fuertemente como si fuera a romper su hueso.

Ante tal fuerza de forcejeo de Crusch, Rem mordió sus dientes para soportarla mientras miraba atentamente las atrocidades hechas por el hombre frente a ella.

Rem no conocía para nada la identidad de aquel hombre con tal incomprensible ataque y defensa.

Cubrió a Crusch herida, y mientras pensaba en algún método para alejarse de ese hombre, repentinamente Rem percibió una sensación de malestar.

Un malestar debido a que en esta situación, los demás caballeros no venían a participar en la pelea.

—¡Aah, no importa cuánto coma, jamás es suficiente para mí! Es por eso que no podríamos dejar de vivir nosotros. ¡Comer, tragar, masticar, mordisquear, ingerir, boquear, morder, triturar, consumo excesivo! ¡Gula! ¡Ah, muchas gracias por la deliciosa comida!

Al mismo tiempo que tuvo aquella intuición, escuchó esa voz aguada de un chico venir a sus espaldas.

Sintiendo los mismos escalofríos que con el otro hombre a su frente, Rem volteó mientras se mostraba estupefacta.

En medio del grupo de carretas paradas detrás de ella, observó a un chico cubierto de sangre, pateando a los caballeros tirados en el suelo.

Tenía un cabello de color café muy denso que le colgaba hasta sus rodillas, era un chico de estatura baja. Quizás su estatura era un poco más baja que la de Rem, y su edad sea dos o tres años menor.

Tenía una andrajosa vestimenta debajo de su descuidado cabello, sus brazos y pies desnudos tenían lodo y suciedad, y estaba cubierto de una gran cantidad de sangre.

Ni uno sólo de los Caballeros debajo de los pies del chico se movía. Mientras el hombre de cabello blanco había recibido el golpe de Crusch, los demás caballeros alrededor fueron aniquilados solamente por este chico.

—¿Quiénes son…ustedes?

El hecho de que no pudo ni siquiera sentir la presencia de aquella pelea, había hecho que los labios de Rem se estremecieran.

Por adelante y por detrás, estaba cercada por el enemigo con una extraña presencia, Rem cargó a Crusch a cuestas para retirarse. El suelo donde se encontraba Crusch estaba teñido de rojo por la sangre que fluía de sus heridas, el ambiente del lugar se tornaba más frío como burlándose del terror de Rem.

Ante aquella pregunta de una Rem estremeciéndose, ambos hombres voltearon a verse.

Después, como poniéndose de acuerdo ambos asintieron, mientras mostraban una íntima cercanía, violentamente y con una sonrisa como la de un demonio, para después decir sus nombres.

—Arzobispo del Culto de la Bruja, a cargo del pecado de la “Avaricia”, Regulus Corneas.

—Arzobispo del Culto de la Bruja, a cargo del pecado de la “Gula”, Ley Batenkaitos.

 

2

El culto de la bruja— Y aun peor, arzobispos del pecado.

Mientras Rem se congelaba luego de haber escuchado esas palabras, aquel chico con una apariencia que denotaba excitación— Ley Batenkaitos, veía a los caballeros que estaban tirados en el suelo, lamiendo sus labios deseosamente.

—En verdad venir a comer en persona es lo mejor, ¿no? El que hayan derrotado a nuestra mascota…. Fue un gran logro. Es bueno, ¿no? ¡Es bueno! Es bueno, ¿saben? Es bueno, ¿o no? Puede que sea bueno, aunque es bueno, es bueno ¿Qué no? Muy bueno, ¿no? ¡Después de un largo tiempo al fin hemos satisfecho nuestra hambre!

—Francamente, no puedo comprender ese lado tuyo, ¿sabes? ¿Cómo es que no puedes estar satisfecho tú mismo ahora? Sabes, las personas tienen dos brazos, y no puede llevar más que lo que quepa en la palma de sus manos. Si lograran comprender eso, naturalmente controlarían el egoísmo, ¿no crees?

—No son necesarios los sermones para nosotros, nosotros los odiamos. Ni siquiera me interesa si lo que dices es correcto o incorrecto. ¡A nosotros, a nosotros no nos interesa más que satisfacer nuestra sensación de hambre!

 

Batenkaitos “Gula” babeaba, y Regulus “Avaricia” relajaba sus hombros.

Aquella situación en la que habían aparecido dos arzobispos del pecado al mismo tiempo, había hecho dar vueltas frenéticamente la mente de Rem que parecía estar absorta, tratando de pensar en alguna manera para salir de aquella situación.

En términos de poder de pelea, vencer a aquellas dos personas en este lugar, era imposible.

Había detenido el sangrado de Crusch, pero la situación continuaba en una precaria condición. Con el desconocimiento de la vida y muerte de los caballeros, el número de su poder militar era nulo. Rem por sí sola, había terminado gastando el poco de su mana restante en la sanación, y aunque peleara transformada en Oni, no vislumbraba esperanza alguna en ganar.

—…

Echó un vistazo su alrededor, y no lograba ver el grupo de “Colmillo de Acero” que iba acompañándolos. Sólo estaban las tropas que llevaban consigo la cabeza de la ballena blanca que habían recolectado, y el grupo de los semi-humanos mercenarios heridos. Tal vez, Hetaro quien los estaba guiando, había visto una oportunidad para escapar y los había dejado ir. Si ganara algo de tiempo, sería probable que regresaran refuerzos.

Aun así, no creía que pudieran llegar a tiempo.

—Ustedes… ¿están aquí porque derrotamos a la ballena blanca? ¿Quieren vengar a esa mabestia…?

—Aah, no nos malentiendas. Estamos más interesados en las personas que la mataron, que en la muerte de la ballena blanca. Ya que de alguna manera se las arreglaron para ganarle y matarla, luego de 400 años. Sabes, estaba en nuestras expectativas, al igual que se espera a que la comida madure para comerla en su punto, pero… ¡Fue más allá de nuestra imaginación!

Mostrando unos muy afilados dientes, con una excitación muy grande, Batenkaitos movió su cabeza violentamente.

—¡Amor! ¡Espíritu caballeresco! ¡Odio! ¡Tenacidad! ¡Sensación de éxito! ¡Es una sensación de satisfacción pasar todo aquello que estuvo acumulándose larga e interminablemente por la garganta como hirviendo! ¡¿Existe algo en la gastronomía de este mundo que pueda superar esta sensación?! No existe, no hay, ¿verdad que no? No hay nada más, no hay nada más, ¿no? ¡Es exactamente por eso mismo que no existe! ¡Consumo excesivo! ¡Gula! ¡Es por esto que nuestro espíritu, nuestros estómagos están satisfechos!

Dijo aquello, sin sentido alguno.

Con esa apariencia que parecía como si se le hubiera zafado un clavo, Batenkaitos seguía retorciéndose. Mientras escuchaba la reverberación de la risa que dejaba salir, Rem que seguía en silencio movió su vista, ahí se encontraba Regulus poniendo una cara de decepción y movió su mano.

—No te preocupes. Yo soy muy diferente a él. Estoy aquí tan sólo por mera casualidad. ¿Yo también deseo el hambre justo como él lo hace? Eso no tiene relación alguna con el egoísmo que es una mundanidad. A diferencia de alguien tan lamentable como él que nunca está satisfecho, yo estoy satisfecho conmigo mismo por ahora, ¿sabes?

Extendiendo el brazo con el que cortó el brazo de Crusch, Regulus hizo una expresión de alegría frente a Rem.

—¿Sabes? Odio las peleas. Para mí es más que suficiente con que siempre haya tiempos de paz como esta común y corriente tranquilidad. No deseo nada más. Ese es el mayor júbilo. No tengo deseos extremos que no quepan en mis pequeñas manos. Para mí, soy un sólo individuo, y mis manos están llenas ahora para proteger esa sola posesión mía.

Con sus puños endurecidos, Regulus estaba absorto en su propio discurso. Aquel brazo había sido el que había arrebatado la vida de varios humanos y dragones de tierra, incluyendo las heridas mortales que le había hecho a Crusch.

Ambos eran unas personas extrañas, Batenkaitos que se retorcía por un incomprensible apetito, y Regulus que se había llenado de auto-satisfacción luego de proclamar una egoísta opinión. Era de esperarse, pues eran seguidores del culto de la bruja.

Sintiendo como el enojo hirviendo brotaba, Rem se levantó del lugar que se encontraba. Colocó en el suelo a Crusch que estaba durmiendo como si estuviera muerta, y en su lugar levantó su propia arma. Formó un remolino con el escaso mana que le quedaba.

Alrededor de Rem flotaban unos cuantos carámbanos.

Luego de ver eso, Batenkaitos y Regulus cambiaron sus expresiones.

—¿No escuchaste lo que te dije? Te dije que no quería pelear, ¿no? Si luego de escuchar lo que te dije, te pones en esa actitud, entonces significa que has ignorado por completo mis opiniones. Y que también has violado mi derecho. Y eso, no importa cómo lo vea, ni siquiera mi benevolente corazón puede perdonarlo.

—¿Eso es todo lo que tenían que decir, seguidores del culto de la bruja?

Dijo Rem con una actitud firme, ante Regulus que tenía su cabeza inclinada. En contra de aquella actitud que denotaba estar deprimido Regulus, Rem hizo sonar las cadenas de su lucero del alba, y en su mirada albergaba una fuerte voluntad.

—Algún día, sin falta alguna, aparecerá un héroe que los destruirá a ustedes. Y no importará cuánto infortunio hayan producido por su autosatisfacción, ni por egoísmo. Sin duda alguna, esa persona les dará una lección. Aquel y único héroe, que tanto ama Rem, lo hará.

—Hee. Un héroe. Nosotros también estaremos esperándolo con ansias. ¡El hecho de que confíes tanto en él, significa sin duda alguna que tendrá un sabor realmente delicioso para nosotros!

Ante tal alegría inesperada, Batenkaitos juntó las manos, y observaba a Rem como si estuviera evaluándola.

Esos ojos no la veían como un enemigo, ni tampoco como una mujer. Los sentimientos que albergaban aquella mirada, lamía sus labios como si hubiera encontrado un ingrediente único.

Un lunático ego y una violenta hambre se encontraban entre sí, Rem orgullosamente alzó su pecho.

—Soy la sirvienta en jefe de los dominios del Sr. Roswaal L. Mathers…

Trató de nombrar su propio cargo, pero a la mitad de ello, agitó su cabeza.

Lo que en realidad quería nombrar en este momento era…

—Mi única amada persona… Soy Rem, la ayudante de Natsuki Subaru, aquella amada persona que un día se volverá un héroe.

De su frente salió un blanco y hermoso cuerno, que comenzó a reunir mana de la atmósfera para llenarse, dándole vitalidad a Rem.

Su cuerpo entero se llenó de fuerza, movió rítmicamente el brazo que sostenía el lucero del alba, los carámbanos esperaban impacientemente a su llamado.

Abrió por completo sus ojos, examinó el mundo, sintió la atmósfera, con todas sus fuerzas dibujaba la silueta de él en su mente.

—Prepárense, Arzobispos del pecando. ¡¡El héroe de Rem, sin duda alguna, vendrá a juzgarlos!!

Blandió hacia arriba su lucero del alba, al mismo momento en que comenzó a lanzar los carámbanos, el cuerpo de Rem voló como siendo lanzado.

Como si estuviera emboscándola, Batenkaitos abrió enormemente su boca llena de colmillos.

—Aah, sí que tienes agallas. ¡¡Bien, comeré sin contenerme!!

Chocaron, chocaron, después en ese instante, Rem pensó.

Deseaba, en el momento en que supo que estaba perdiéndose a sí misma, que en el corazón de él se alzaran las reverberaciones de las ondas como en el agua.

—Ese fue el deseo de los últimos instantes de Rem.

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