Prólogo: Destrucción, Un Día Antes

La humanidad ya no puede escapar del vórtice de la información.

Las señales de televisión y radio inundan sobre incluso los paisajes de vista más rurales. Un ambiente de internet es mantenido con teléfonos celulares, Wi-Fi y LTE. Redes de seguridad fueron construidas con cámaras de seguridad e incluso grabadores de información. Ya sea que pronósticos fueran enviados abiertamente en trasmisión satelital y GPS. Había radios de policía y bomberos. Aviones y barcos tienen sistemas de control. Incluso la radioafición usada por una gran variedad de personas se añaden al invisible vórtice de información que se disuelve en el aire. Llena cada rincón del mundo humano, por lo que era casi imposible encontrar un claro ancho de banda.

Algunos dicen que las señales de los teléfonos celulares causaban cáncer.

Era incierto en qué base médica (si la había) se basaba ese rumor, pero podría haber sido una representación de las preocupaciones tenidas por la era actual.

—Qué molestia.

La voz de una chica demasiado hechizante para llamar “linda” sonó en medio de una ciudad de metal y concreto.

Comparada a la tormenta de información que borraba al mundo, esto era sólo un grano de información.

Aunque, la información siempre se había tratado de calidad, no de cantidad.

En ese momento, podría haber sido mejor si la nación hubiera hecho a un lado todo lo demás y se hubiera concentrado en la información siendo producida aquí.

—Más rumores son creados y destruidos en estos lugares más que en cualquier otro lugar del mundo. Para mí, podría ser como visitar a mis ancestros, pero la gran ciudad realmente es agotadora.

Sus ropas parecían el kimono blanco de una novia.

Ella tenía cabello largo y negro azulado y un solo cuerno parecido a un cuchillo pareciendo dividir los mechones en su frente. Fosforescencia blanca azulada brilló de la punta del cuerno.

Su rostro infantil era desmentido por la glamorosa figura que era notable incluso a través del kimono que tendía a ocular la figura de alguien.

—Pero dado lo que vamos a hacer, no dañaría echar un vistazo sólo esta vez. Agh, me siento mareada.

Ella era única incluso entre los Youkai letales.

Estaba asumido que ella sería construida por manos humanas.

Ella era la oni azul que aparecía al final del Hyakumonogatari y causaba muchos fenómenos supernaturales.

Incluso después de reunir esos cien miedos, ella permanecía suprema.

—Aoandon.

Una voz llegó a ella directamente por detrás.

La Youkai letal llamada Aoandon miró atrás hacía la multitud y vio a un delgado y casi inexpresivo joven hombre vistiendo un traje negro.

Su nombre era Saiki Kazu.

Él era un miembro de su grupo. Este hábil usuario de las artes supernaturales había mal usado un Paquete de Aburatori y destruyó sin ayuda una organización criminal grande con un alcance internacional.

—El ensamblaje está completo. O tenemos razones para permanecer aquí.

—¿Ya acabaste? ¿¿¿En serio??? Pero todavía estoy sintiendo ese punzante dolor.

—Sólo uso Youkai. No cambio su naturaleza fundamental.

—Oh. Me pregunto si así es como se sienten los cólicos menstruales.

—Como un hombre, no sabría.

Saiki respondió a su broma sin mover una sola ceja.

La Aoandon hizo un mohín con sus labios.

—Entonces supongo que es hora de poner a este país bajo control. Y todavía no estoy segura si debería llamarlo Nihon o Nippon.

—Esa clase de ambigüedad es exactamente lo que crea una abertura para nosotros.

—¿Qué están haciendo los otros miembros?

—Todos están esperando tus órdenes.

—Sí, algunos de ellos son difíciles de controlar. ¿Qué tal le va a Kada-chan?

—Todo está en niveles normales.

—¿Sakogawa-chan?

—Normal.

—¿Iko-chan?

—Eso ha sido aplastado y llevado.

Oh, cielos. Gruñó la Aoandon.

Ella no parecía importarle mucho.

La expresión de Saiki Kazu permanecía sin cambios incluso con su sombría respuesta.

—Pero al estado actual, sólo han sido colocados dentro del Paquete de Aoandon. Las piezas necesarias para usarlo apropiadamente todavía siguen faltando. ¿Tienes alguna idea respecto a eso?

—No te preocupes. Este es el último tren y la campana de salida está sonando, pero todavía tenemos una oportunidad de saltar a bordo.

—¿Qué quieres decir?

—Viajemos un poco más. Estoy seguro que encontraremos algunos interesantes miembros nuevos.

—¿Estás dejando la última parte a la suerte?

—Ganaremos sin importar qué. —La Aoandon sonrió. —Las coincidencias no están determinadas por la suerte. Están establecidas por el destino, el karma y el futuro. Por lo que si nuestro éxito ya ha sido decidido, todo lo que necesitamos se reunirá alrededor de nosotros por su propia cuenta. Justo como el hombre llamado Saiki Kazu apareció frente a mí cuando quería a alguien hábil en las artes supernaturales.

—…

—Si no fuera a tener éxito, no habría sido exitoso desde el comienzo. La situación ya está en marcha y podrías decir que ha sido prueba de que nadie puede pararlo cuando esté. Puedes dejárselo a la suerte o rezar a los dioses si quieres. No importa qué milagros cargues contigo, no puedes cambiar el resultado final una vez que te encuentras frente a mí.

Eso podría haber sido el por qué se había dado la espalda tan fácilmente al objetivo que había estado mirando todo este tiempo.

Ella lo había hecho tan casualmente como alguien dejando la casa de un amigo del vecindario a la cual podría regresar en cualquier momento.

—Nos veremos otra vez dentro de poco, —dijo la chica oni azul.

Saiki Kazu la siguió en su traje negro.

Estaban parados en el distrito de Nagatacho del Chiyoda Ward de Tokyo.

Habían estado mirando al Edificio de la Dieta.

Ya estaba a su alcance cuando fuera que decidieran ir por él.

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