Prólogo: El Cementerio

El limpio y frío aire de las ruinas le daba la bienvenida a Subaru en una atmósfera que era hasta cierto punto refrescante.

El sonido de sus zapatos al pisar resonaba en cada paso que daba. Aquel fuerte resonar del sonido de sus zapatos, era al mismo tiempo la causa de su sensación de malestar como la que reconfortaba su corazón. Comprobaba claramente su propia incertidumbre en medio de la oscuridad en la que no podía verse nada a unos escasos 10 metros adelante.

—…

Los alrededores estaban completamente sumergidos en la oscuridad, perdiendo la sensación de haber tocado la pared por un largo tiempo. Caminaba y caminaba sin llegar al final, Subaru incluso sentía una ilusión en que él mismo estaba detenido.

Tan sólo el sonido de sus zapatos negaba tal ansiedad, Subaru apelaba a sí mismo el significado de seguir caminando.

Continuó caminando confiando en el resonar del sonido de sus zapatos.

No puedo detenerme, eso sería imperdonable. Aunque las ganas de rendirme hagan raíz en mi corazón, aunque perdiera contra el peso de la carga que llevo en mi espalda, tengo que seguir caminando aún si tengo que morder mis dientes.

Si no lo hago, ¿cómo me vería a mí mismo ante ella?

 

—Ya veo. Esa es la base de tu avaricia, ¿eh? Parece algo realmente interesante.

Repentinamente, resonó una voz.

En el momento en que detuvo su paso al oír esa voz, inesperadamente fue cerrado el telón de la eternidad que había perdido de vista el final. En un instante se despejó la oscuridad de la que no pensaba cuánto más se extendería, y el mundo que se suponía había perdido su color iba coloreándose vivazmente.

El color verde debajo de sus pies, encima de su cabeza se extendía el cielo azul sin una sola nube, Subaru se dio cuenta de que estaba parado sobre el pastizal.

El viento hizo que su cabello en la frente ondeara suavemente, ante tal sorpresa sintió un nudo en su garganta.

—Ah…

—No juegues en ese lugar, ¿qué te parece si juegas por acá?

Subaru que estaba de pie, escuchó aquella voz venir a sus espaldas.

Al voltearse observó la cima de una pequeña colina. En aquella colina estaba un parasol, en la sombra del mismo estaba una mesa y una pequeña silla blancas, sentada en la silla se encontraba una joven chica.

—…

Era una joven chica de un color blanco puro, daba una impresión del color blanco casi como si lo único que le faltara fuera el color. Eran cautivadores tanto su largo cabello que llegaba hasta su espalda, como su poca piel expuesta y eran hasta cierto punto de color blanco, sus pequeñas extremidades estaban envueltas en un vestido negro azabache parecido a un vestido de luto, tan sólo sus pupilas negras dejaban entrever un alto grado de inteligencia que probaban que era real aquella joven chica efímera la cual parecía ser una ilusión.

Blanco y negro, con sólo esos dos colores expresó que indudablemente era una verdadera belleza.
Con sólo echarle un vistazo, cualquiera quedaría encantado al ver su belleza cautivadora. Sin embargo, al ver esa silueta de aquella joven chica, el alma de Subaru experimentó un abrumador horror que jamás había experimentado.

Ese impacto fue una sensación aún más opresora que inclusive la primera vez que se encontró con la Ballena Blanca.

—Vaya, ¿acaso hice que te asustaras?

—…

Subaru no hizo sonido alguno ante la presencia de aquella joven chica que inmediatamente estaba cerca de él. Al ver la reacción de Subaru entrecerró sus ojos, luego de un tiempo la joven chica asintió como si hubiera comprendido la situación.

—Aah. Ya veo. Es porque aún no me he presentado, ¿verdad? Qué vergüenza. ¡Pero, fue porque no había hablado con ninguna persona por un buen tiempo, y sin querer actué algo impaciente!
A diferencia del cambio en su tono de voz, la joven chica encogió sus hombros sin hacer cambio alguno en su expresión facial.

Después, se dirigió hacia Subaru quien seguía callado y asustado, mientras la joven chica colocaba la mano en su pecho dijo su nombre tranquilamente.

—Mi nombre es Echidna. (Ekidna)

Dijo eso, mientras la joven chica relajaba sus labios y hacía una leve sonrisa.

—Me pregunto, ¿hubiera sido mejor nombrarme como “La Bruja de la Avaricia”?

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